A 100 años del primer código sanitario de Chile

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Reflexiones para el siglo XXI

Marcelo López Campillay 1

En el transcurso de los próximos meses, se cumplirá el centenario de la promulgación de la ley nº 3.385, el 22 de mayo de 1918, que dio vida al primer Código Sanitario de Chile.
El texto encauzó institucionalmente una demanda social simbólica en aquel entonces -la salubridad de la nación- y vino a resolver, en primera instancia, uno de los asuntos controversiales del país: la instauración de una autoridad sanitaria central. Fue un paso fundamental para subsanar la divergencia de propuestas estatales y privadas que, desde fines del siglo XIX, proliferaron con el objetivo de aliviar el rigor del binomio epidemias-pobreza. Paradójicamente, la dispersión de voluntades, más que ayudar a la solución de la cuestión social sanitaria, fue uno de sus principales obstáculos.
Una de las aristas que debemos subrayar sobre su valor histórico tiene relación con el proceso de globalización política y económica que se encumbró en el siglo XIX. La creciente interconexión de las naciones, gracias a los nuevos medios de comunicación y al intercambio comercial a gran escala, fue seguida por un progresivo aumento del alcance de enfermedades (cólera, influenza, fiebre amarilla, peste bubónica) que, transformadas en pandemias, pusieron en jaque aquel escenario.
Un acto de integración de Chile a ese proceso ocurrió en 1901. Ese año nuestro país fue la sede del I Congreso Médico Latinoamericano. Uno de los temas que concitó interés fue la rectoría del Estado en materia de salud, en razón de su capacidad para ordenar la legislación, frenar la anarquía sanitaria y proveer a la población de los beneficios de la ciencia médica. No fue una frase vacía, pues los casos de Francia y Alemania eran ejemplos a seguir. Esa corriente hizo eco el año 1909, cuando Ramón Corbalán Melgarejo, médico y diputado del partido Radical, y Paulino Alfonso, abogado y diputado Liberal, presentaron al Congreso el proyecto que establecía una codificación sanitaria.
Valga lo dicho para abordar una segunda perspectiva. La ley nº 3.385 puede ser calificada como el triunfo de una generación de políticos y médicos que, desde la década de 1880, impulsaron el liderazgo estatal en materias de salud pública. Fue en el año 1882 cuando el destacado médico y académico Federico Puga Borne, fiel a la consigna Salus popoli, suprema lex est, e inspirado en las legislaciones sanitarias europeas, concibió un proyecto, el Servicio de Medicina Pública, que en su artículo nº 1 contempló la creación de un código. Su finalidad fue materializar una “organización metódica y científica al servicio de la medicina pública”, como una forma de subsanar la falta de autoridad que reflejaban las acciones de los “cuerpos de beneficencia”. No bastaba ya la caridad para velar por el “derecho a la salud”, como afirmó Puga Borne2.
Sabemos que esta iniciativa no prosperó. La oposición que levantaron los partidarios del liberalismo decimonónico al crecimiento de la esfera estatal en ciertas áreas de la vida social, fue una de las causas principales. No rechazaban la búsqueda de soluciones a los problemas sanitarios del país, los cuales impedían el desarrollo del capitalismo criollo. Más bien, su ideal era un organismo eminentemente técnico y no político, pues temían al incremento de atribuciones de la autoridad presidencial, cuna de un extenso debate político. A la postre, el debate del proyecto de codificación sanitaria reavivó la pugna entre la mirada estatista y la óptica liberal en materia sanitaria, que se tradujo en casi una década de discusiones.
En suma, el centenario del Código Sanitario de 1918, invita a apreciarlo como un momento que trazó una frontera entre dos épocas, y fue el primer paso institucional de un proceso de construcción de una nueva salud pública y de un orden social en el que las seguridades básicas de la ciudadanía (educación, trabajo, salud) progresivamente pasaron a ser responsabilidad del Estado hasta la década de 1970.

1 Profesor Asistente Facultad de Medicina PUC, Doctor en Historia, Secretario de Sociedad Chilena de Historia de la Medicina

2 Revista Chilena de Hijiene,
tomo I, nº 1, agosto de 1894.