¿De dónde venimos? Parte 1: Evolución humana y poblamiento de la Tierra

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Dr. Álvaro Yáñez del Villar

Esta fotografía, tomada en 1905 por Charles W. Furlong y publicada recientemente en El Mercurio, me impresionó profundamente. Muestra a un grupo de personas con sus cuerpos envueltos en pieles, descalzas, caminando por una helada playa de Tierra del Fuego.
Es probable que, durante miles de años, sus antepasados recorrieran esos mismos paisajes en busca de alimento, abrigo y protección frente al clima extremo. Más tarde, desde fines del siglo XIX, también lo hicieron huyendo de los colonizadores nacionales y extranjeros que avanzaban sobre la Patagonia.

La imagen invita a pensar en la gran aventura de la especie humana. Desde sus orígenes, el poblamiento de la Tierra ha sido la historia de pequeños grupos familiares que caminaron incansablemente en busca de nuevos territorios donde sobrevivir. Mucho antes de la historia escrita, nuestros antepasados comenzaron un proceso de expansión que, a lo largo de millones de años, terminó por ocupar todos los espacios habitables del planeta.

Hace más de diez millones de años, el África oriental era una región de bosques tropicales, ríos y humedales donde habitaban numerosas especies de mamíferos, entre ellas los ancestros comunes de los grandes simios y del ser humano. La aparición de los primeros homínidos bípedos marcó un cambio decisivo: al abandonar la vida arbórea comenzaron a desplazarse permanentemente por el suelo, buscando alimento y adaptándose a nuevos ambientes.

Aquella forma de vida impulsó una lenta transformación que dio origen a los australopitecos, cuyos restos fósiles –entre ellos los célebres Lucy y Ardi-, han permitido reconstruir las primeras etapas de la evolución humana. El bipedismo, la capacidad de adaptación y el progresivo desarrollo del cerebro fueron sentando las bases de una especie capaz de aprender, fabricar herramientas y transmitir experiencia de una generación a otra.
Con el paso de millones de años apareció el Homo erectus, cuyos rasgos físicos se aproximaban a los del ser humano actual. Junto con una mayor capacidad cognitiva, desarrolló herramientas cada vez más eficaces para la caza, la defensa y las actividades cotidianas. Este lento proceso de innovación constituyó uno de los rasgos más distintivos de nuestra especie.

Grupos de Homo erectus, impulsados por el antiguo nomadismo humano, fueron también los primeros en abandonar África y expandirse hacia Europa y Asia. De ellos surgieron otras especies humanas, como los neandertales y los denisovanos, hoy desaparecidas.

Más tarde, en África, apareció el Homo sapiens, que inició una nueva expansión por el planeta. En su avance convivió y, en parte, se mezcló con aquellas otras especies humanas, cuya huella genética aún permanece en distintas poblaciones actuales.

Finalmente, el Homo sapiens sapiens, aparecido hace unos 200.000 a 300.000 años, terminó poblando todos los continentes habitables. La extraordinaria capacidad de adaptación desarrollada durante millones de años permitió que nuestra especie se diversificara cultural y físicamente, dando origen a los pueblos que hoy habitan la Tierra.
Continuará.