La palabra como territorio común: 5º ciclo de “Conversaciones con escritores”

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Durante los meses de julio y agosto se desarrolló por quinto año consecutivo el ciclo “Conversaciones con escritores”, durante el cual el Dr. Marco Antonio Medina, del Departamento de Bienestar y Extensión del Colmed Santiago y del Grupo Sueños de Médicos Escritores, conversó con cuatro destacados autores chilenos: Manuel Peña Muñoz, Theodoro Elssaca, Rosabetty Muñoz y Gabriel León. A continuación, algunos pasajes de dichas entrevistas.


MANUEL PEÑA MUÑOZ
Escritor e investigador literario, especialista en literatura infantil y juvenil.

—¿Qué tienen los cuentos infantiles tradicionales que encantan tanto a los niños?
Tienen un mundo imaginario, de fantasía en el cual un niño entra con gran facilidad; desarrollan en los niños la imaginación, la fantasía, el lenguaje y la capacidad de soñar y de pensar. También, llevan al niño de manera natural a realizar una reflexión sobre los contenidos y le generan una enseñanza.

—¿Qué es el kamishibai?
Es un pequeño teatro de madera de origen japonés que ocupaban los monjes budistas en el siglo XI para narrar cuentos a los niños. Consta de tres puertas que se abren y contienen las láminas con las ilustraciones del cuento que se van retirando a medida que va relatando. Es un recurso muy original y novedoso para relatar una historia a un grupo pequeño de personas, niños, jóvenes o adultos.

—¿Cuál es la obra de literatura infantil que todo niño debería leer?
Yo recomiendo vivamente que lean los cuentos de Andersen, por la profundidad de los sentimientos, las emociones, las ideas, el lenguaje artístico que contienen y que los transforman en cuentos fantásticos.

—¿Qué rol desempeñaron los cafés literarios en el desarrollo y difusión de la literatura?
Los cafés literarios nacieron en Europa, principalmente en Francia, donde se reunían intelectuales, filósofos, pensadores y poetas para conversar de literatura, escribir e intercambiar libros. Esa corriente pasó a Latinoamérica, principalmente a Buenos Aires, donde destacó el Café Tortoni. En Chile también tuvieron un rol durante los siglos XIX y XX, como el Café Torres o el bar ‘La Unión Chica’, en Santiago, donde se reunían escritores como Pablo Neruda o Jorge Teillier. Hoy ya no existe en Chile como lugares de reunión de poetas o de escritores, como era en el pasado.


Theodoro Elssaca
Poeta, narrador, ensayista y artista audiovisual con más de 40 años de trayectoria. Motivado por la antropología, la historia y la memoria, su trabajo se caracteriza por abordar procesos que cruzan fronteras y espacios.

—¿Qué significa para ti la poesía?
Es tratar de expresar y plasmar la búsqueda y las grandes preguntas eternas del camino. Como dijo Martín Heidegger, vuelve al concepto original que es la poiesis, crear algo desde aquí hasta acá, pasar desde algo que no existía a algo nuevo. Esa creación también tiene que ver con el asombro, que ha sostenido muchísimo mi vida. Cuando se me termine, no voy a querer seguir estando aquí.

—¿En qué consiste tu libro “Tribu de la palabra”?
Este libro comienza y termina con caligramas. Es una ofrenda, mi homenaje a todos los grandes autores que de alguna manera han marcado mi camino: Virgilio, Homero, André Bretón, Rubén Darío, Francisco Goya, William Blake, Fedor Dostoievski, William Shakespeare y, por supuesto, nuestros poetas: Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Nicanor Parra, Jorge Teillier, Gonzalo Rojas.

—Háblanos de tu último libro, “Voces del agua”.
Contiene 300 páginas de poemas acerca del agua, que está en todas las expresiones de la vida. Sin agua, no hay vida. Cada poema está ilustrado con imágenes pintadas con acuarela, relacionadas con ese elemento esencial.


Rosabetty Muñoz
Poeta chilota que ha publicado numerosos libros que la han consolidado como una voz fundamental en la poesía chilena contemporánea.

—¿Qué representa para ti la poesía?
Ha tenido distintos significados según los momentos de mi vida. Cuando empecé a escribir, muy niña, era una manera de explorar y recuperar las historias que me gustaba escuchar. Cuando era adolescente, fue una especie de refugio en donde uno va buscando su identidad. Yo escribía textos muy privados, como diarios de vida. Cuando estuve en la universidad y me encontré con otros compañeros que también amaban la poesía, empezó a ser la columna vertebral de todo lo que hago. Casi todas las decisiones que he tomado en mi vida tienen que ver con la poesía, por ejemplo, quedarme en Chiloé.

—¿Qué es lo que más te interesa en la poesía?
Me interesa mucho trabajar en un territorio acotado, la poesía situada, que está participando de una cierta vida, como parte de un desarrollo cultural de su territorio, comprometida con el lugar de donde proviene y que tenga incidencia en lo que pasa en ese lugar de origen, con la que la gente se sienta identificada.

—¿Cómo la poesía muestra la realidad de los lugares en que se genera?
Intento rescatar la palabra y el relato de las mujeres mayores de la isla de Chiloé. Contienen una historia riquísima y una manera de decir con un lenguaje muy primario, original, muy trenzado con la vida cotidiana, incluso con cuestiones límites, como la sobrevivencia.

—¿Qué impacto puede tener la voz de un poeta en el resguardo de la naturaleza?
Si hay un lugar donde todavía la palabra poética tiene algún peso, es aquí. La gente que se acerca a la poesía en Chile está esperando esa voz que ilumina algunos espacios de la realidad que nos sirven a todos. Estamos en un momento de crisis, y en la poesía, y en el arte en general, van a estar las reservas de sentido que necesitamos. La poesía ilumina y hace mucha falta en todos los lugares, especialmente en las escuelas.


Gabriel León
Bioquímico, doctor en biología molecular y reconocido comunicador científico, autor de los libros y del podcast La Ciencia Pop.

—Eres uno de los divulgadores científicos más reconocidos del país, pero prefieres denominarte comunicador científico. ¿Cuál es la diferencia?
Es súper importante hacer la distinción. La divulgación de la ciencia es un ejercicio vertical, donde el que sabe le explica a los que no saben un tema en particular. Se basa en una teoría de la comunicación que postula que si se entrega a las personas una información que no tienen, pueden tomar decisiones más correctas, como vacunarse. Con el tiempo quedó demostrado que la entrega de información por sí sola no hace que las personas cambien de idea o de actitud frente a un hecho en particular. Ahí nace la teoría de la comunicación científica o de la ciencia, un ejercicio horizontal en que se establecen diálogos con las audiencias.

—En la historia de la ciencia también hay eventos muy oscuros, donde se han saltado normas éticas y morales, ¿por qué ocurren esos casos?
Muchos de esos hechos ocurren cuando el científico cree que su genio lo exime de cumplir con las normas, como un dermatólogo que hizo experimentos en cárceles y cuando fue cuestionado por ello dijo: “Las normas no aplican a los genios”. Como si el tener una buena idea te eximiera de respetar los derechos de los demás. Por eso, tiene que existir un marco regulatorio estricto y un cuerpo que vigile su cumplimiento. Para eso existen los comités de bioética.

—¿Cómo ha cambiado la enseñanza de la ciencia en los últimos años?
Ya no es el profesor quien le dice a los estudiantes cómo funciona el mundo, sino que a partir de un proyecto de investigación, de una pregunta, los estudiantes evalúan posibilidades y aprenden a partir de la exploración del mundo. Eso permite ver que la ciencia es un ejercicio paciente y riguroso que comienza en la cabeza, con una buena pregunta; no es la verdad revelada por una persona en particular y que hay que aceptarla como tal.