Verdad versus mentira: La condición imaginaria de la verdad

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La masificación de las redes sociales y las informaciones que proporcionan con rapidez, facilidad y prácticamente sin costo, ha provocado un número importante de noticias falsas. Reconocerlas ha llegado a ser un problema importante en una sociedad moderna.

Esto me recuerda el ensayo del filósofo griego contemporáneo Cornelius Castoriades: “Institución imaginaria de la Sociedad”, en la que define lo “imaginario” como la creación individual incesante de figuras, formas e imágenes, a partir de las cuales puede configurarse una determinada “cosa o concepto”, mediante lo cual podemos referirnos a la “verdad”.

¿Pero dónde está y qué es la verdad? La Real Academia la define como: “propiedad que tiene una cosa de mantenerse siempre la misma, sin mutación alguna”; “juicio o proposición que no se puede negar racionalmente”; “existencia real de una cosa”; “conformidad de lo que se dice con lo que se piensa”.

Los filósofos griegos buscaron lo verdadero frente a lo falso, siendo idéntica a la realidad y la permanencia (ser siempre). Para Aristóteles, “decir de lo que es, qué es y de lo que no es, que no es, es lo verdadero”. Es necesario que haya algo de lo cual se afirme que es verdad, relación que llamó correspondencia o adecuación.

Para los filósofos modernos, como Kant, la verdad es primordialmente la del conocimiento, coincidente también con la del ser conocido. Para Hegel, desde el idealismo intenta llegar hasta la verdad absoluta, llamada por él “verdad filosófica”. Para Heidegger es el descubrimiento, por lo que toda verdad no lo es en tanto no haya sido descubierta.

En el pragmatismo de William James, considerada en abstracto, es algo inexistente. Sólo hay cosas verdaderas que son principios prácticos que se confirman como verdades por sus consecuencias.

La crisis de la verdad. Otros elementos y problemas

  1. Lo fáctico y su poder. Corresponde a los hechos reales. Pero con la información se ha perdido la creencia en los hechos. Vivimos sin verdades fácticas, porque la información circula desconectada de la realidad (B.Chul.Han).
  2. La post-verdad. Nuestros cuerpos, mentes y alma están construidas para la recepción, registro, procesamiento y trasmisión de la información. Ello está produciendo que si se agota la información real, se inventa.
  3. La mentira. Sólo es posible cuando la distinción entre verdad y mentira permanece intacta. Quién miente de forma consciente, lo reconoce. El mentiroso no pierde su conexión con la verdad (BC Han).
  4. Nihilismo. Lo consideramos como ataque a la verdad (Román), porque niega la posibilidad del conocimiento (y la posible verdad). Para BC Han, es un síntoma de la sociedad de la información, porque se opone a la verdad. No supone que la mentira se haga pasar por la verdad, o viceversa, sino socava la distinción entre ambas.
  5. Noticias falsas. Atacan a los hechos y así le quitan esa calidad a la realidad. En varios países las han utilizado en la propaganda de candidatos electorales.
  6. El Charlatán. No se opone a la verdad, sino que es indiferente ante ella. Para Harry Frankfurt se da cuando las circunstancias obligan a la gente a hablar de un tema que desconocen.
  7. Ideología. Según la filósofa Hannah Arendt, algunos totalitarismos llegan a mentiras enormes, sustituyendo el mundo real por otro ficticio, una nueva realidad.
  8. El sistema digital. Se deja moldear y manipular a voluntad y está diametralmente opuesto a los hechos y debilita la conciencia de la realidad. Produce una nueva realidad.

La información, por sí sola, no explica el mundo, sino que lo oscurece, porque tenemos la sospecha que podría ser distinta. Se acompaña de una desconfianza básica, que aumenta mientras más recibimos.

Se ha planteado que la información es aditiva y acumulativa, en tanto la verdad es narrativa y exclusiva, porque elimina la contingencia y la ambivalencia.

La verdad se funda en que la validez de las afirmaciones debe resistir frente a contraargumentos y encontrar el asentimiento de todos los participantes en el discurso. Además, tiene una duración superior a la información. Para Hannah.Arendt, posee la firmeza del ser ontológico, y por ello nos proporciona “un sostén en el espacio en que estamos y el cielo que se extiende sobre nuestras cabezas”.

Parece evidente que la época de la verdad ha terminado. Esperamos que ello no sea realidad ni se mantenga en el tiempo.