Entre el 23 y el 25 de abril de 2026, la ciudad de Antofagasta tuvo el honor de recibir el XXVII Congreso Nacional de Médicos Escritores del Grupo Sueños, que reunió a colegas provenientes de diversas regiones de Chile y representantes de otros países latinoamericanos. El encuentro, desarrollado en la sede regional del Colegio Médico, confirmó una vez más que el ejercicio de la medicina y la creación literaria no solo pueden convivir, sino que se enriquecen mutuamente.
Hace ya más de un cuarto de siglo nació el Grupo Sueños con un propósito sencillo y profundo: ofrecer un espacio donde las y los médicos pudieran expresar, a través de la literatura, aquello que la práctica clínica muchas veces obliga a guardar en silencio.
La realización de este 27º encuentro en Antofagasta representó un desafío importante para el comité organizador local y una oportunidad excepcional para mostrar el patrimonio humano, histórico y natural del norte de Chile. Los asistentes pudieron conocer la riqueza cultural de la región y comprender cómo el desierto, el océano y la historia salitrera forman parte de la identidad de sus habitantes.
El programa científico-literario incluyó la lectura de cuentos, poemas, ensayos y microcuentos, junto a conferencias dedicadas a destacadas figuras de la cultura regional, como Andrés Sabella y el médico-poeta Antonio Rendic, referente de humanismo y servicio.
Uno de los aspectos más valiosos del encuentro fue el alto nivel de las obras presentadas.
El jurado externo destacó la calidad narrativa de muchos de los trabajos, demostrando que la sensibilidad desarrollada en el contacto cotidiano con el sufrimiento humano puede transformarse en literatura de notable profundidad. Los textos reunidos fueron publicados en la tradicional antología del congreso, dejando un testimonio permanente de esta versión realizada en Antofagasta.
Especial significado tuvo la visita a la antigua Oficina Salitrera Chacabuco. Caminar por ese espacio cargado de memoria permitió comprender que la historia de una región también se escribe desde sus silencios, sus ruinas y las vidas de quienes la construyeron. Para muchos, aquella experiencia constituyó una fuente de inspiración literaria y una invitación a reflexionar sobre la condición humana, tema permanente tanto de la medicina como de la literatura.
Más allá de las actividades académicas y culturales, el congreso reafirmó un valor esencial: la amistad. Durante tres días se compartieron conversaciones, proyectos editoriales y experiencias profesionales que fortalecieron vínculos construidos durante décadas. Esa camaradería constituye, probablemente, el mayor patrimonio del Grupo Sueños.
Como presidente del comité organizador, tuve el privilegio de comprobar el compromiso generoso de numerosas personas e instituciones que hicieron posible este encuentro. El apoyo del Colegio Médico Regional Antofagasta, el trabajo de los colaboradores, la participación de los conferencistas y el entusiasmo de los asistentes permitieron que el congreso cumpliera plenamente sus objetivos.

La medicina moderna enfrenta enormes desafíos tecnológicos y científicos; sin embargo, encuentros como este recuerdan que el médico continúa siendo, ante todo, un observador de la condición humana. Escuchar, comprender, acompañar y narrar forman parte de una misma vocación.
El XXVII Congreso Nacional de Médicos Escritores fue una celebración del humanismo médico y una demostración de que la ciencia y el arte son dos caminos complementarios para comprender al ser humano.
Antofagasta tuvo el privilegio de ser, durante esos días, la capital de esa hermosa alianza entre la medicina y la literatura.


