La profesión médica y su código de ética

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Dr. Rodrigo Salinas
Secretario Técnico Departamento de Ética Colegio Médico de Chile


 

Para el profesor Eliot Freidson, considerado uno de los fundadores del estudio de la sociología de las profesiones, la medicina cae en esa categoría de modo paradigmático a partir de una serie de características que le son propias y que le confieren un grado considerable de libertad frente a la intromisión de extraños en su ejercicio. Estas son: el alto grado de conocimientos y destrezas que requiere su práctica, que hacen difícil su evaluación por personas ajenas a la profesión; que quienes ejercen la medicina lo hacen en forma responsable y que podemos depositar nuestra confianza en ellos, aun en ausencia de dicha supervisión; y que la sociedad puede confiar en que la profesión médica puede manejar, de modo autónomo, aquellas situaciones en que alguno de sus miembros se comporta de forma reñida con la ética que rige su práctica.

La materialización de los privilegios profesionales asociados al ejercicio de la medicina requiere, por consiguiente, el público conocimiento de los principios éticos que lo rigen y la forma en que se ejerce el control de los pares que asegura su fiel cumplimiento. Una herramienta central en este diseño, que establece un contrato entre la sociedad y la profesión médica, es la existencia de un Código de Ética que establezca exigencias de comportamiento que identifiquen la forma en que los principios que guían su ejercicio se traducen en normas lo suficientemente precisas como para permitir el rol de supervisión de su cumplimiento y la sanción oportuna de las transgresiones, en el caso de que ocurran.
De modo coherente, ha sido una preocupación desde antaño la redacción de normas éticas para el ejercicio de la medicina que van más allá de las obligaciones que la sociedad impone al resto de los oficios. El ejemplo más conocido de este tipo de normativas es el Juramento Hipocrático, que data del siglo IV antes de la era común y que, al momento de su redacción, tenía un carácter meramente local y sectario, pero que, por la profundidad de los principios que promovía, tiene validez hasta la época presente, particularmente por la especial importancia que entrega al bienestar del paciente como principio rector de la medicina.

Debieron pasar veinte siglos, sin embargo, para que, junto con el desarrollo de la eficacia de los métodos diagnósticos y terapéuticos utilizados por la profesión médica, se hiciera necesaria la redacción de códigos actualizados y detallados que cumplieran el rol normativo que les es propio. Ejemplo de ello fueron los códigos de ética redactados por el médico inglés Thomas Percival FRS, en el siglo XVIII, y por la Asociación Médica Americana en 1847, que, con sucesivas modificaciones –este último-, mantiene su vigencia y rol normativo hasta el día de hoy.

Un hecho distintivo de la regulación ética de la profesión es que, tanto en materia de sus principios fundamentales como en su traducción normativa en códigos, ha debido actualizarse en sus contenidos en el curso de los años, incorporando principios que eran ajenos a la tradición hipocrática, como es el caso de la autonomía y de la justicia sanitaria, de seguro impensados para esa escuela.

Esta reflexión sobre los principios, propia de la bioética, se complementa con la tarea continua de las organizaciones médicas –la Asociación Médica Mundial, los colegios profesionales- y los organismos regulatorios, donde estos existen, para traducirlos en códigos que respondan a la modernización tecnológica asociada al ejercicio de la medicina y a las normas sociales prevalentes en cada país, resguardando siempre que la actualización de los códigos sea acorde con los principios fundamentales de la profesión.
En Chile, esta tarea está a cargo del Departamento de Ética del Consejo Nacional del COLMED, que constantemente está revisando eventuales modificaciones que requieran ser introducidas en nuestro código, para la consideración de las autoridades de la Orden, por ejemplo en materias de publicidad médica, relaciones entre colegas, confidencialidad de la relación médico-paciente, correcto uso de la emisión de licencias de reposo laboral, conflictos de intereses con la industria médica y de dispositivos médicos, y el resguardo de la profesionalidad en la relación médico-paciente, entre otras materias.

Con el propósito de mantener este proceso de mejora continua, el COLMED se encuentra realizando una investigación sobre la percepción de los colegas en torno a nuestra regulación ética, encargada a un departamento universitario con experiencia en este tipo de estudios, y el Departamento de Ética recibe con interés cualquier sugerencia sobre esta materia que le hagan llegar los colegiados.

Es un deber de todos quienes ejercemos la medicina participar en este proceso de revisión periódica de las normas que nos validan como profesión, en el sentido que Eliot Freidson le otorgó años atrás.