La Agrupación de Médicos Generales de Zona celebró las siete décadas de esta importante política pública con una emotiva ceremonia, que reunió a distintas generaciones y combinó memoria, reconocimientos y convicción por seguir fortaleciendo uno de los programas más emblemáticos de la salud chilena.
Por Patricio Azolas Álvarez
El Salón de Honor del ex Congreso Nacional se transformó, por una mañana, en posta rural, sala de espera, reunión de pasillo, capítulo gremial. En ese espacio solemne —testigo de debates parlamentarios y decisiones históricas— resonaron nombres, anécdotas y recuerdos que no estaban en los libros de historia, pero que han moldeado profundamente la salud pública chilena. Porque allí, entre autoridades, colegas, ex ministros, dirigentes y médicos de todo el país, los Médicos Generales de Zona (MGZ) celebraron sus 70 años de existencia. Y lo hicieron con el mismo espíritu que ha definido su trayectoria: con humildad, con alegría, con pertenencia.
La jornada fue inaugurada por el presidente de la Agrupación, Dr. Ricardo Peña Moya, médico destinado en el Hospital de Laja. En su discurso, repasó con claridad el sentido profundo del modelo MGZ. “Hoy celebramos 70 años de historia. Y lo hacemos con gratitud a quienes nos antecedieron, con reconocimiento a quienes hoy ejercen en cada rincón del país, desde Visviri a Puerto Williams, y con esperanza hacia el futuro. Porque estamos convencidos de que este modelo, con todo lo que representa, tiene aún mucho que entregar”, señaló. Y añadió: “Los MGZ estamos en campamentos, en poblaciones complejas, en zonas donde nadie quiere ejercer, donde la violencia acecha, donde la pobreza duele, donde el narcotráfico se infiltra. Y allí, con la misma vocación de los pioneros, seguimos levantando salud. Porque entendimos que la salud no es solo atención clínica: es dignidad, es escucha, es cuidado, es presencia”.
El generalato de zona nace el 22 de julio de 1955, a través del decreto 17.615, y desde ahí se ha mantenido como una de las políticas sanitarias más exitosas de los últimos años. La medida tuvo por objetivo de disminuir la brecha de Médicos Generales en las distintas zonas de nuestro país, fuera de los grandes centros urbanos como Santiago, Viña – Valparaíso y Concepción, enfocándose especialmente en zonas rurales y vulnerables. Actualmente, es una de las principales puertas de entrada de los facultativos al sector público, cuyo ejercicio profesional está normado por la Ley Médica (19.664) y la Ley Médica Complementaria, donde se les reconoce como médicos en Etapa Destinación Formación (EDF), aunque la mayoría prefiere seguir usando el nombre histórico de “Médicos Generales de Zona”.

La presidenta del Colegio Médico de Chile, Dra. Anamaría Arriagada, reafirmó el compromiso institucional con el programa. “Hoy día, a 70 años, queremos no solo celebrar, sino también proyectar este programa. Protegerlo de los retrocesos, fortalecer su financiamiento, asegurarle continuidad, y garantizar condiciones laborales dignas. Que ningún médico o médica en Chile tenga que elegir entre servir en el territorio o cuidar su salud mental, su seguridad, su familia o su proyecto de vida”.
El acto incluyó una cuidada reseña histórica a cargo del Dr. Luis Vargas Atton, ex presidente de la agrupación y actual Prosecretario del Colegio Médico. Luego, un emotivo video recopiló testimonios de MGZ de distintas generaciones, desde los años pioneros en zonas aisladas hasta las vivencias recientes en contextos de pandemia y su experiencia en zonas urbanas de alta vunlerabilidad. Las imágenes no solo emocionaron: recordaron que esta política pública se sostiene sobre personas que decidieron hacer de la medicina una forma de arraigo.

Uno de los momentos más simbólicos fue la entrega de reconocimientos que reflejaron distintas formas de contribuir a la salud pública desde el modelo MGZ.
El Premio a la Trayectoria Científica fue otorgado al Dr. Mauricio Osorio Ulloa, actual vicepresidente nacional del COLMED, cirujano infantil, ex director de hospitales, ex presidente del Tribunal Nacional de Ética del Colegio Médico y quien fuera general de zona en Toltén y Galvarino entre 1989 y 1994. En la instancia, destacaron su carrera como un puente entre ciencia y territorio, entre cirugía y causa social. “Un médico que jamás disoció la academia del servicio”, recalcaron.
La Trayectoria Médica fue reconocida en la figura de la Dra. María Soledad Barría, ex ministra de Salud y médica internista que comenzó su carrera como MGZ en Corral. Aunque no pudo estar presente, su legado fue recordado como un ejemplo de compromiso ético y visión transformadora.

La Trayectoria MGZ recayó en la Dra. Pamela Schellman Jaramillo, pediatra intensivista, referente en salud ambiental y actual Secretaria del Departamento de Medio Ambiente del Colegio Médico. Desde su destinación en Fresia y Frutillar, entre los años 1995 y 1999, pasando por la Vicepresidencia de la Agrupación, hasta su liderazgo en el consejo regional Antofagasta, destacaron su historia como la de una médica que puso la ciencia al servicio del cambio social, con liderazgo, empatía y convicción gremial.
Finalmente, el Premio Espíritu MGZ fue entregado al Dr. Diego Merino Vásquez, quien vivió su destinación en la Región de Ñuble. En ese territorio forjó comunidad, lideró su capítulo regional, formó una familia y se integró con convicción. Hoy, desde la Escuela de Salud Pública, sigue promoviendo los valores que encarna: arraigo, vocación, humanidad.
También se premió la primera versión del concurso literario “MGZ en 100 palabras”, un ejercicio de memoria breve, pero cargada de sentido. Relatos que narraron con emoción la cotidianidad de ejercer medicina donde escasea casi todo. Se destacó con mención honrosa los trabajos “Navegando entre las mareas”, del autor JOA, y “El Problema”, de la autora Catalina M, quien también se llevó tercer lugar, con el título “Lidia”. El segundo lugar fue para “Último aliento”, de Carolina Olea Gangas y la Dra. Fernanda Navarrete Balat obtuvo el primer lugar con su microcuento “La Sede”, una historia real de atención médica en una iglesia, entre santos, caballos y pacientes que confiesan más que sus síntomas.
La ceremonia estuvo marcada por el lema de la agrupación: “Una vez MGZ, siempre MGZ”. Y es que ser Médico General de Zona no se olvida, no se abandona, no se archiva. Es una identidad que se queda en la piel y en el alma, incluso cuando se transita hacia otras etapas profesionales.

Setenta años después de su nacimiento, el modelo del generalato de zona sigue demostrando que la medicina en Chile se construye también desde las orillas, desde los cerros, desde las postas. Desde la decisión de miles de médicos jóvenes que, cada año, eligen comenzar su carrera allí donde otros no llegan. Y que, con ese gesto, le dan sentido a toda una política pública.
Esta celebración fue un recordatorio de que la salud pública no es solo una estructura técnica o administrativa. Es también memoria, vocación y humanidad. Y mientras existan personas dispuestas a hacer del territorio un lugar para curar, escuchar y transformar, los MGZ seguirán escribiendo la historia de la salud en Chile.



