Para este médico, el acogimiento familiar es una respuesta concreta y necesaria ante una problemática social que no admite indiferencia. Desde su consulta ubicada en Illapel, en la Región de Coquimbo, el profesional destaca el impacto positivo que tiene un entorno familiar estable en el desarrollo cognitivo, emocional y social de niños y niñas que están bajo cuidado estatal.
Equipo de comunicaciones Servicio Mejor Niñez
“Uno tiene que ser parte de la solución”, es una de las consignas que el médico cirujano Pablo Ávila repite al hablar de su experiencia como Familia de Acogida. En 2021, junto a su esposa Carmen, decidieron hacer algo concreto para aportar al proceso de reparación de niños, niñas y adolescentes que están bajo el cuidado del Estado por haber sufrido vulneraciones de sus derechos. Así llegaron al programa de Familias de Acogida del Servicio de Protección Especializada a la Niñez y Adolescencia.
A la fecha, la familia ha abierto las puertas de su hogar en Illapel, Región de Coquimbo, a dos bebés de menos de un año de vida, a los que han cuidado, querido y acompañado tal como lo hicieron con sus hijos biológicos. El primero de ellos se reunificó con su familia de origen luego de nueve meses, pero lejos de arrepentirse de la experiencia tras esa separación, el profesional cuenta con alegría que “en cada cumpleaños nos llega una nota y una foto suya, vemos que está bien”.

Acompañado del bebé que acoge actualmente, el doctor Ávila reflexiona sobre la importancia de que, en Chile, más personas se atrevan a dar este paso: “Me gustaría que le tuvieran menos temor (a ser Familia de Acogida), que lo vieran como algo natural”, sostiene.
¿Qué lo motivó a convertirse en Familia de Acogida?
Fue una decisión que tomamos junto con mi esposa, una decisión matrimonial que también involucró a los niños, por supuesto. Yo tengo tres hijos de 15, 17 y 18 años que ya están bastante más grandes, entonces, cuando salió el tema del Sename hace años, vimos que una posibilidad más segura y real de ayudar respecto de esa necesidad que había era atendiendo a niños de acogida.
Ustedes ya han recibido a dos niños en acogimiento. ¿Hay algún momento que recuerden especialmente?
En ambos casos, el día de llegada de los pequeños siempre es interesante de recordar, porque es algo que marca la vida de uno. Es como el nacimiento de un hijo, muy parecido. En el último caso (del bebé que acogen actualmente), fue en invierno: lo sacamos directo del hospital y fue traer a un pequeño muy desvalido, con dos meses de vida, y partir casi de cero, volver a ser padres con él. Esos son recuerdos muy lindos, que se quedan para siempre en la retina.
¿Qué impacto ha tenido el acogimiento, tanto en su vida como en la de los niños?
Para nosotros ha sido una experiencia gratificante, muy linda. Es algo que recomendamos a otras familias que ven con entusiasmo lo que estamos haciendo. No sabría si llamarlo una vía de “realización”, porque nosotros ya éramos padres, pero sí nos ha permitido entregar más amor a niños que realmente lo necesitan.
Y por el lado de los niños, uno ve cómo, a los pocos meses de estar en una Familia de Acogida, ellos abren todas sus habilidades sociales: conversan, miran, exploran el mundo de una manera totalmente diferente. Eso les ayuda mucho en su socialización, en su crecimiento personal, en su desarrollo cognitivo. Se nota que alcanzan un desarrollo normal en lo emocional y en lo mental, y eso es muy bueno para ellos. Uno sabe que les está dando un apoyo que va a ser determinante para su vida adulta.
¿Y cuáles han sido los desafíos que han enfrentado durante este proceso?
Volver a criar siempre representa un desafío. Volver a tomar la mamadera, los pañales, recordar cómo se hacían las mamaderas… algo que podría ser muy básico para una mamá, uno tiene que volver a recordarlo. Pero si bien siempre hay cierta dificultad, es parte del acogimiento.
¿Qué habilidades paternales siente que ha desarrollado o profundizado en su rol de Familia de Acogida?
Algo que uno siempre practica con los bebés es la paciencia. Cuando ya los niños están grandes, uno puede darles instrucciones y esperar que respondan, pero un niño pequeño muy pocas veces te hace caso a la primera. Entonces, hay que usar un método de persuasión diferente. En este caso, vuelve a ponernos el desafío de la crianza en edades pequeñas, y eso siempre es algo que uno trata de revisar si lo está haciendo bien.
Desde su perspectiva como médico, ¿qué tan importante es un cuidado familiar en la primera infancia?
Es fundamental. Eso todos los estudios lo ratifican. Con los cuidadores transitorios los niños no pueden generar un vínculo estrecho ni de largo plazo, porque los van rotando. Entonces, nunca va a ser lo mismo que el apego cercano, estable, donde sientan la confianza y la seguridad de una familia. Ese desarrollo va a ser determinante, y se logra mejor cuando el niño recibe estos cuidados dentro de una circunscripción familiar.
Carmen, su esposa, nos relató con mucha emoción cómo lograron que su primer bebé de acogida volviera con su abuela materna.
¿Cómo fue esa experiencia?
Para nosotros fue un golpe duro dejarlo ir, porque pasamos nueve meses con él y uno se encariña, se hace parte de la familia en todo sentido. Pero lo hicimos sabiendo que estaría bien. Conocimos a la familia, y ahora, en cada cumpleaños, nos llega una nota y una foto suya. Vemos que está más grande, que se está desarrollando muy normal en todos sus parámetros. Eso es lo que queremos también para el niño que tenemos actualmente.
¿Cómo motivaría a alguien que está pensando en ser Familia de Acogida, pero no lo ha hecho por miedo a la despedida?
Uno tiene que entender que la vida es prestada. Así como yo puedo pensar, en el caso del acogimiento, que voy a perder a este pequeño porque está definido que es un cuidado temporal, también en la vida vamos a perder familiares o seres queridos. Son parte de las reglas del juego.
Cuando estos niños se van, es una pérdida, efectivamente. Pero ellos van a llegar a otra familia, van a tener un desarrollo normal, y por ese bien que les estamos haciendo al cuidarlos, es que todo vale la pena. Yo los invito a pensar en eso. Si lo quieren ver desde el punto de vista social, acoger es una contribución concreta y necesaria.
A futuro, ¿cómo le gustaría que la sociedad percibiera el rol de las Familias de Acogida?
Me gustaría que le tuvieran menos temor, que lo vieran como algo natural. Si uno pudo ser padre y criar a hijos naturales, por supuesto que puede hacer lo mismo con un hijo transitorio-adoptivo, que sería la figura del acogimiento.
Como adultos, ya tenemos una vida formada, una familia. Pero estos niños están indefensos, y lamentablemente, si nosotros como sociedad no ponemos nuestro granito de arena, no podemos esperar buenos resultados para esos niños que están en desamparo.
Entonces, ¿qué podemos hacer ante eso? ¿Solamente quejarnos o apuntar con el dedo al Estado? No. Uno tiene que ser parte de la solución.



