Dra. Marta Colombo, Premio Nacional de Medicina 2022: “Este premio es un reconocimiento al trabajo de todas las mujeres”

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Desde 1992, la detección de enfermedades metabólicas en las primeras horas de vida a través del Programa de Pesquisa Neonatal para la Fenilcetonuria (PKU) y el Hipotiroidismo Congénito ha permitido prevenir que 3000 niñas y niños nacidos en Chile sufran limitaciones intelectuales irreversibles. El galardón que entregan en conjunto la Academia Chilena de Medicina, el Colegio Médico, ASOFAMECH y ASOCIMED, buscó reconocer en esta ocasión este importante aporte científico, haciendo -al mismo tiempo- justicia histórica, ya que, por primera vez en sus 20 años, el reconocimiento fue para una mujer.

Por: Marcos Santis Hernández


 

“Mi nombre es Paula Jorquera, tengo 12 años y soy PKU clásico. Para mí es un gran honor poder darle las gracias a la doctora Marta Colombo por su gran labor y dedicación a la medicina. Estoy muy emocionada de que la doctora Colombo reciba el Premio Nacional de Medicina y que por primera vez se reconozca a una mujer. Considerando sus 54 años de trayectoria en la salud pública, su aporte de mayor impacto fue en 1992 cuando empezó la pesquisa natal del PKU. Gracias a usted y a su trabajo, soy una niña normal y sana. ¡Muchísimas gracias!”

El testimonio de Paula, una adolescente de Viña del Mar, sorprendió a todos por su elocuencia y desplante. Era la invitada más joven a la ceremonia y fue quien acaparó las miradas en el homenaje a la doctora Colombo organizado por el Colegio Médico de Valparaíso. Su discurso terminó con una ovación por parte de todos los asistentes a la ceremonia, ya que en tan sólo pocas líneas fue capaz de resumir las implicancias del trabajo de décadas que encabezó la Dra. Marta Colombo y que le significó obtener el Premio Nacional de Medicina 2022. Paula es una de las más de 500 niñas y niños que fueron diagnosticados con fenilcetonuria al momento de nacer y que tras formar parte del “Programa de Pesquisa Neonatal para la Fenilcetonuria y el Hipotiroidismo Congénito” han podido desarrollar sus vidas con absoluta normalidad.

¿Cómo recuerda ese momento al escuchar el testimonio de Paula?

¡Fue impresionante! Paula habló y dijo al público lo importante que había sido para ella ser normal y era más que normal. Es mucho más inteligente que yo esa chiquitita. Me comentó que quería ser médico, dedicarse a la investigación y seguir contribuyendo a esto. Cosas como éstas le alegran la vida a una. Su testimonio me llega con una profundidad muy grande, porque siento mucha alegría por Paula al ver que está tan bien. Es una emoción muy importante, ya que siempre supimos que todo el esfuerzo iba a valer la pena.

¿Qué tan largo y pedregoso fue el camino hasta lograr implementar este Programa Nacional en 1992?

Tuvimos muchos problemas. Por ejemplo, empezamos a investigar el plan piloto en un hospital de Santiago y, desgraciadamente para nosotros, durante ese año no apareció ningún niño con algunas de estas enfermedades. Por supuesto que esto afectó al proyecto, a su financiamiento y casi nos deja en foja cero. Afortunadamente, nos encontramos con personas dadivosas que nos donaron dinero para financiar nuestra investigación y así continuar hasta conseguir los resultados que convencieran al Ministerio de Salud sobre la importancia de implementarlo y con los resultados que ya todos conocen. Para nosotros era muy importante demostrar que se podía prevenir la discapacidad intelectual. Imagínese la diferencia que puede significar para una persona o una familia esta condición. Como grupo sabíamos que teníamos que hacerlo, que teníamos que lograrlo y después de muchas discusiones, logramos generar conciencia sobre lo importante que era lo que estábamos haciendo. Por lo mismo, si tienes esa convicción uno tiene que ir y dar la pelea hasta el final, hasta lograrlo.

Desde su implementación, el Programa Nacional de Búsqueda Masiva de las enfermedades metabólicas fenilcetonuria y el hipotiroidismo congénito ha prevenido limitaciones intelectuales irreversibles en más de 3.000 niñas y niños recién nacidos, al permitir ser tratadas en forma precoz.

¿Cómo recibió la noticia del Premio?

Fue una gran e inesperada sorpresa. A la primera persona que le conté fue a Fernando, mi esposo, quien estaba junto a mí cuando recibí la información telefónica de parte del Presidente del Jurado encargado de la designación. Su reacción fue muy entusiasta, me dijo que era muy merecido. Cuando les conté a mis nietos, ellos viven en Estados Unidos, me dijeron que era una súper abuela.

¿Qué le parece el revuelo que generó también haber sido la primera mujer en recibir este galardón y por qué cree que hay pocas mujeres recibiendo este tipo de premios?

Sinceramente, más que el premio mismo disfruté la gran cantidad de demostraciones de cariño y que me colmaron de alegría. Creo que esto se debe a que históricamente las mujeres han sido discriminadas, aunque eso está rápidamente cambiando a una sociedad más justa. Este es un reconocimiento al trabajo de todas las mujeres en general, porque para todas ha sido difícil incorporarse al mundo laboral. Esto demuestra que siendo mujer todo se puede. Antes, para las mujeres era súper difícil estudiar medicina y seguir la carrera. Yo entré a estudiar Medicina en la Pontificia Universidad Católica y del total de ingresados sólo había tres cupos para mujeres. Actualmente, hay más mujeres que hombres en las escuelas y es muy positivo porque las mujeres tienen una forma distinta de ver la medicina, más humanistas, más femenina; no sé cuál es la palabra exacta.

¿Cómo se nota esto?

Se nota en el trato con los pacientes. Eso es muy importante y una de las cosas más llamativas es ver cuánto los pacientes quieren a sus doctoras. Eso es increíble.

A sus 82 años, la doctora Colombo, en paralelo a su sobresaliente carrera profesional, ha construido una imagen como una mujer tremendamente humana y con una amabilidad que emociona. “La Jefa” o “Tuca” como le dicen sus cercanos, sin buscarlo, generaba que sus alumnos fueran llamados como los “becados felices”, ya que uno de sus sellos era aprender con alegría y con gusto. Quienes la conocen destacan su amor y respeto por todos los seres vivos. Conocida fue su labor y dedicación por dar cariño, alimento y cuidados de salud a perros, gatos, gaviotas y palomas que merodeaban el hospital. A su vez, relatan que sus pacientes la recuerdan por su cálida y comprometida atención profesional, además, de su mirada dulce y acogedora.

¿Qué le pasa cuando la describen de esta forma?

Siempre he sido así. Yo siento mucho respeto por todas las personas. Son todas las personas dignas. En ese sentido, es muy importante lo que uno dice, hace y comparte con las personas con quienes trabaja. Desde quien se encarga de la limpieza hasta el jefe del hospital. Eso lo he generado en todos los lugares donde he trabajado, no puedo decir que no lo he sentido. Ese cariño, esas ganas de hacer cosas juntos donde se mezcla el querer hacer cosas por el país y por el lugar donde uno trabaja.

¿Qué es lo que más rescata de su carrera como médico?

El agrado de poder hacer aportes al conocimiento científico y ayudar a los pacientes y a sus familias. Ser médico es una responsabilidad enorme. La salud pública es uno de los servicios de mayor importancia para la población y, actualmente, requiere de mayores recursos materiales y humanos.

¿Qué siente cuando escucha que la salud pública es mala?

Es una evaluación en gran medida injusta. Porque cuando has tenido la oportunidad de trabajar en un policlínico, en un hospital, etc., ves la vocación que tienen las personas que trabajan ahí. Las personas que trabajan en el hospital lo hacen con mucha vocación y con muy pocos medios. Es importante que a quienes les corresponde aporten las cosas necesarias para hacer una buena medicina. Una atención óptima. Hace unos años que dejé el hospital, no podría decir lo que pasa hoy, pero esa fue mi experiencia.

¿Cómo se revierte esta situación?

Yo creo que las personas están, lo que faltan son los recursos. Eso es lo principal. Los médicos, las enfermeras, los auxiliares van a estar siempre ahí, pero hay que aumentar los recursos y para eso, creo, que tienen que ir a ver. La gente que trabaja muy arriba tiene que ir al hospital, ver cómo trabajan, ver lo que pasa, ver las filas que hay de gente esperando para ser atendida. Ellos no ven esas cosas. Por lo mismo, no tienen una visión práctica de la realidad. Tienes que hacer una punción lumbar y falta la aguja para hacerlo, por ejemplo. Tienen que dar un remedio, éste no está en la farmacia y la familia tiene que ir a comprarlo. Esos son problemas de todos los días que a lo mejor la gente no ve como importante, pero es muy importante. Eso es un sufrimiento para uno, por eso hay que ir peleando para que no pasen esas cosas.

Desde que se jubiló, la doctora Colombo pasa la mayor parte de su tiempo con su esposo el neuropediatra Fernando Novoa, en su casa de Viña del Mar donde viven hace más de 30 años. Dedica gran parte de su día a alimentar y buscar hogar para gatos del sector que llegan a su casa porque saben que ahí encontrarán refugio y alimento. Otra de sus pasiones es el cuidado de su frondoso jardín y gran variedad de plantas. Además, poco a poco, han podido retomar ciertas actividades sociales que les han permitido celebrar su Premio Nacional de Medicina 2022 con sus amigas del colegio y del INTA.

Cuando joven destacó por su habilidad en el hockey, aunque se apura en señalar que en el colegio le iba bien, que siempre le interesó la biología, pero que las matemáticas no eran lo suyo. Precisamente, estando en primero de Humanidades reprobó ese ramo y tuvo que rendir un examen en marzo. Estos y muchos otros pasajes de su vida son temas que aparecen de vez en cuando durante las infaltables videollamadas con sus nietos “Meme” y “Pipe” que viven en Estados Unidos.

¿Cómo es como abuela?

Soy una abuela chocha. No tienen nada malo esos niños. Sólo cosas buenas jajaja. En este minuto, nuestro nieto chico que tiene 17 años está nadando representando a Chile en Budapest, en el campeonato mundial de natación. Salió sexto en su serie. Le ha puesto mucho empeño y nosotros estamos muy orgullosos. El mayor se acaba de recibir de ingeniero.

¿Cómo fue el cambio desde Santiago a Valparaíso?

Fue muy positivo. Con mi esposo de inmediato empezamos a trabajar en el Hospital Carlos Van Buren en labores asistenciales. Desarrollamos un laboratorio de enfermedades metabólicas que permitió diagnosticar adecuadamente a gran número de portadores de estas enfermedades. Además, asumí una intensa actividad docente en el programa de formación de neuropediatras que creó Fernando en la Universidad de Valparaíso y que antes no existía en la región, a pesar de la carencia de esos especialistas.

¿Qué temas despiertan su interés en la actualidad?

Con Fernando estamos constantemente informándonos y pendientes de la actualidad. Hoy, lo más llamativo es la discusión sobre la Constitución y siempre conversamos sobre eso. Sobre cuáles son las posibilidades de éxito o las posibilidades de fracaso. Si es bueno, si es malo. Esas cosas.

¿Qué opina del rol que ocupan las personas mayores en la sociedad actual en Chile?

Creo que es muy importante acompañarlas y también depende mucho de la situación en la que estén. Las personas mayores que están en un nivel más bajo tienen pocas posibilidades de desarrollarse. Por lo mismo, la sociedad de alguna manera debe preocuparse, porque cada día somos más. Es importante ver cómo ayudarlos y cómo integrarlos a labores distintas, porque somos capaces de hacer muchas cosas todavía. Se debe valorar la experiencia. La opinión de las personas mayores debería ser una voz que resuene más fuerte en la sociedad. Es muy importante que no se infantilice a las personas mayores. Tendríamos que participar más en las discusiones.

¿Qué mensaje le gustaría transmitir a las nuevas generaciones de médicos?

Decirles que la medicina es una profesión que requiere vocación, pero, a su vez, es fuente de grandes satisfacciones.


 

Biografía

Marta Colombo Campbell es médica cirujana de la Pontificia Universidad Católica de Chile y especialista en neurología infantil de la Universidad de Chile. Se desempeñó a partir de 1966 en el Hospital Arriarán, donde trabajó con el Dr. Fernando Mönckeberg, fundador del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (INTA) de la Universidad de Chile. En esa época, sus investigaciones se centraron en la desnutrición y desarrollo cognitivo infantil, así como en el impacto de un programa de alimentación complementaria en el rendimiento escolar, desempeñándose como profesora titular y jefa de la Unidad de Genética y Enfermedades Metabólicas del INTA hasta 1993.

En 1994 se trasladó a Valparaíso. Desde ese año y hasta 2018, año en que se retira, fue jefa del Laboratorio de Enfermedades Metabólicas del Hospital Carlos van Buren. Uno de los principales aportes de la Dra. Colombo ha sido su trabajo para lograr la implementación en 1992, por parte del Ministerio de Salud, del Programa Nacional de Búsqueda Masiva de las enfermedades metabólicas fenilquetonuria y el hipotiroidismo congénito en recién nacidos. Entre 1999 y 2019 impartió clases en la Facultad de Medicina de la Universidad de Valparaíso.

Distinciones y becas

1973-1974: Beca Fundación Ford.

1979: Beca British Council.

1979: Premio Mejor Compañera INTA U. de Chile.

2006: Premio Excelencia Académica, otorgado por la Sociedad Chilena de Pediatría.

2013: Condecoración del Estado de Chile “Orden de la Cruz del Sur”, en la Categoría Gran Cruz, por su contribución al desarrollo de investigaciones en el ámbito de la salud.

2022: Premio Nacional de Medicina.