El Retiro del Dr. Aliro Bolados

2199

La decisión de dejar los pabellones, las consultas y a sus queridos pacientes no fue fácil. Por eso, tampoco es un alejamiento definitivo de la medicina. Ahora seguirá dedicado a lo que le apasiona desde las aulas de la Universidad de Antofagasta, formando nuevas generaciones.

Por Daniela Zúñiga

 

Sus cercanos, describen al doctor Aliro Bolados Castillo como un apasionado por su profesión, animoso y esforzado. Dicen que luego de 56 años al servicio de la salud pública, no fue fácil tomar la decisión. Su esposa, Flor Venegas, cuenta que “él nunca pensó que iba a jubilar. Yo lo fui preparando, pero le costó mucho. Debió haberlo hecho muchos años atrás, pero lo hizo con 78 años, porque ama su profesión. Va a echar mucho de menos el hospital”.

Su hijo, Aliro Bolados Venegas, agrega que “la reinvención es importante para él. Dejar su vida clínica como la llevaba hasta ahora, es potente, pero va a seguir ligado a la universidad y al Colegio Médico. Quizás ahora mi mamá le enseñe a pintar y se haga famoso”. Y explica que lo que se hereda, no se hurta: “Mi abuela, la mamá de mi papá, trabajó más de 50 años en la Escuela N° 2. Mi padre siguió exactamente el mismo modelo de entrega, de trabajo. Él pudo haber dicho hace mucho rato ‘está bueno’, pero esto es lo que lo hace vibrar, sentirse pleno. Eso es un ejemplo”.

El doctor Aliro Bolados Castillo nació en Antofagasta en 1939 y estudió en el Colegio San Luis, de los jesuitas, donde dice que surgió su vocación de servicio público, que se ha manifestado tanto en su rol como médico como de dirigente gremial. “Allí te inculcan el concepto de liderazgo, de dedicación hacia el resto de las personas y eso hace que uno tenga ciertos atributos y formación para ciertas tareas”, reconoce.

En 1957, ingresó a Medicina en la Universidad de Concepción, pero estuvo a punto de abortar la misión por el gran contraste entre su cálida ciudad natal y el clima del sur. A modo de anécdota, recuerda que “estaba caminando por Concepción en mi primer día de clases y hacía un frío terrible, tanto que se me empezaron a dormir las piernas. No aguanté y me volví para Santiago, con ganas de irme a Antofagasta. Llamé a mi mamá para contarle y me pegó una retada tal, que al día siguiente estaba de vuelta en clases”.

Una vez que se recibió, trabajó tres meses en el Hospital de Lota y luego fue destinado como Médico General de Zona al Hospital de Lebu. Terminado este período, fue a realizar su beca de Ginecología y Obstetricia al Hospital del Salvador, en Santiago, donde aprendió de su gran maestro, el Dr. Luis Tisné.

Posteriormente, en 1972, regresó como médico Ginecólogo al Hospital de Antofagasta, donde estuvo hasta ahora. Su carrera estuvo llena de ascensos: fue Jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología, Subdirector Médico del recinto y Director del mismo.

Fue en este rol que le tocó enfrentar una de las situaciones más complicadas de su carrera. “Para el terremoto de Antofagasta, el hospital quedó con fracturas en sus bases, con peligro de derrumbe. Por primera vez hice una evacuación que se llama “horizontal”, es decir, desde el bloque sur, mover a todas las personas hospitalizadas al bloque norte. Eso fue difícil, durante la madrugada, pero resultó con éxito”.

Después, también a la cabeza del principal recinto asistencial de la Región, vivió el aluvión de 1991, donde murieron 92 personas y hubo 16 desaparecidos. De esa experiencia, lo más complejo fue  “vivir estas situaciones, en las que uno conoce a las personas fallecidas o heridas, es muy fuerte” y reflexiona que “fue el trabajo de General de Zona, en un lugar apartado, el que me dio la experiencia para enfrentar este tipo de situaciones críticas”.

Pero más fueron las alegrías que las tristezas en su carrera. “El dedicarse a una especialidad en la que se colabora con el nacimiento de un nuevo ser, es una experiencia maravillosa. Ya he perdido la cuenta de cuántos niños he ayudado a llegar al mundo, pero ellas se acuerdan. Es muy especial”.

De esta trayectoria en el servicio público, Aliro Bolados hijo destaca que “cuando lo acompañaba en sus servicios, vi una persona muy cercana y muy preocupado. Cuando era jefe de servicio, para el año nuevo nos dábamos el abrazo en la casa y después él partía al hospital a saludar a sus pacientes. Y ya cuando fue Director, íbamos a dar los abrazos a todo el hospital”.

A esta intensa vida clínica, hace 12 años sumó otra faceta: la de dirigente gremial, como Presidente del Colegio Médico de Antofagasta.

El Secretario General de la Orden, Dr. José Miguel Bernucci, lo conoció en el año 2005, cuando fue General de Zona en La Chimba. “Me llamó mucho la atención el tremendo compromiso que tenía con todos los colegas de la Región, así como con la salud pública de Antofagasta. También, el tremendo liderazgo que ejerce sobre otros médicos. Para mí ha sido un referente en el tema de la dirigencia y me siento tremendamente orgulloso y agradecido de haber podido trabajar con él en la Región”.

 

David contra Goliat

Es desde su rol de dirigente que ha dado una de sus batallas más duras. La ciudad tiene graves problemas de contaminación y él ha tomado esta bandera de lucha y exigido una y otra vez medidas urgentes a las autoridades para descontaminar la zona.

“Yo tengo una experiencia muy personal con el tema. Soy antofagastino, conozco muy bien la situación. Mi padre falleció de cáncer, trabajó en el puerto, donde se hacían los embarques de los concentrados a granel de metales pesados. Y esa es y es una de las causas de que tengamos la mayor tasa de cáncer broncopulmonar. También tiene relación con el arsénico, que durante mucho tiempo bebió la población, por la contaminación del agua potable. Posteriormente hemos tenido problemas con los concentrados de cobre, que tienen una gran cantidad de metales pesados, especialmente arsénico y es uno de los problemas más graves que tenemos”, explica.

Su esposa, Flor Venegas, dice que “lo apoyo en su lucha y la gente quiere que siga liderando eso, pero se ve difícil”. Y si bien el doctor no baja los brazos, cuenta que “él se amarga de repente. A veces a uno no lo inflan, pero qué le vamos a hacer. Estamos haciendo esto para las nuevas generaciones, porque ya nosotros estamos de vuelta, pero nunca se nos quitan las ansias de seguir luchando por lo que uno cree”.

Su hijo, también se suma a esta causa. “Eso significa ser dirigente, no sólo preocuparse del gremio, si no de temas país, de lo que pasa con la salud de las personas. Me saco el sombrero por él. Si vamos a ser un país desarrollado, tenemos que tener los estándares acordes”, subraya.

 

Sabiduría para las nuevas generaciones

El Dr. Bolados seguirá dedicado a lo que le apasiona, pero desde la academia, como docente en la Universidad de Antofagasta, rol que conoce el Presidente de la Agrupación de Médicos Generales de Zona, Dr. Sebastián Poblete, quien fuera su alumno en dicha casa de estudios en el año 2011 y en el internado de Ginecología y Obstetricia, en 2013.

“El profe siempre transmitía tranquilidad en los turnos. Podía estar quedando la embarrada y él siempre te llamaba y te decía tranquilo, lo podemos solucionar. Esa actitud de mantener la calma en situaciones de estrés es algo que todavía guardo en mi práctica diaria”, recuerda.

Respecto a su estilo y a las enseñanzas que le marcaron, el Dr. Poblete detalla que “siempre trataba de transmitirte de filosofía, de la vida. El profe siempre tenía consejos, no sólo para nosotros los internos, también para los mayores, que se la acercaban para preguntarle su opinión frente a situaciones complejas o conflictivas”.

Su hijo Aliro también valora su legado. “Mi viejo ha sido un modelo importante. El conocimiento, la experiencia, la visión que tiene es un aporte muy importante para los alumnos y el Colegio Médico. La vara para mí es muy alta, porque su actividad ha sido un apostolado. Hay un cariño en todo lo que ha hecho este tiempo”, subraya.

Mirando hacia atrás el camino recorrido, el doctor se retira satisfecho. “Estoy muy feliz con mi experiencia y dedicación a las personas. Es satisfactorio cuando uno está terminando una actividad, ver que uno ha cumplido con la tarea para lo que fue formado”, concluye.