La medicina griega antes de Hipócrates (I)

439

Dr. Yuri Carvajal Bañados, Editor Jefe Cuadernos Médico Sociales


Quizás los lectores duden si acaso existía medicina antes de Claude Bernard, Watson y Crick o la RNM. Hipócrates empalidece y su calidad de médico pareciera reducirse al lado de la potencia de vida de los equipamientos actuales.

Elijo entonces un ritmo gradual para contar la medicina a través de una transición suave a lo largo de siglos. En la parte (II) buscaré ese trayecto sin solución de continuidad, con la medicina precolombina americana, usando la misma opción metodológica.

Me baso en un libro que encontré en una mesa a la salida de la biblioteca Amador Neghme: La medicina chez les grecs del Docteur M. Mollet. El autor, en su página final, nos ofrece un Hipócrates asentado en su tradición, respetuoso y valorativo de la misma. Para llegar a esa coda, nos ha hecho recorrer las menciones míticas de la medicina; Apolo y su hijo Esculapio. De ese origen ya proceden el uso de innumerables plantas y productos vegetales.

Mollet es un evemerista, un historiador racionalista que fiel a la tradición mitográfica que se inicia en el siglo II a.c., busca entender y valorar los mitos como fuentes de conocimiento.

Pero también va a las fuentes literarias. Homero y Hesíodo son convocados para mostrarnos los saberes griegos de anatomía y terapia, como de la presencia privilegiada de médicos en la guerra de Troya y diferencialmente, su rol civil. Del mundo poético también procede la figura de Tiresias que cambió casi 7 veces de sexo y estableció un juicio cuantitativo sobre el placer erótico entre los sexos, con una fuerza categórica impresionante.

Los historiadores clásicos son convocados para aludir a la medicina de las Sibilas, medicina religiosa organizada y extendida a través de una red de templos, con registros de indicaciones y pagos. A su lado, hay también registros de una medicina pública de acceso ciudadano gratuito, pagada con impuestos de la ciudad. Los metecos debían pagarla, lo que habla de un ejercicio privado también. En este registro, Mollet menciona la existencia de práctica de aborto reconocida y cita textos del mismo Hipócrates, que contradicen la frase del Juramento, o al menos, explicitan que él mismo interrumpía embarazos.

El último tipo de fuentes revisada por Mollet para acercarnos a estos saberes, es el registro filosófico. Destaco en este comentario a Pitágoras, cuya vehemencia en el apego dietético hoy cobra una sorprendente actualidad. Empédocles, en esta lectura, se revela como un teórico de la fisiología de las sensaciones y de los procesos intelectuales. Aún más, es un defensor de la variabilidad de las especies y de sus transformaciones. Diógenes, de Apolonia, resulta ser una especie de fisiólogo de la circulación y de la inteligencia animal.

Termina Mollet aproximando la figura de Demócrito a Hipócrates. No sólo por su contemporaneidad, sino porque la fuerza argumentativa de los filósofos, se expresa también en los clínicos de la época y en toda la tradición terapéutica. En ese encuentro diverso, hace nacer la maestría y talento de Hipócrates:

[Hipócrates] no busca simplemente ese rol de innovador, admite sin discusión lo que le ha legado el pasado y se indigna con la idea de que la medicina pueda progresar siguiendo otro método que aquel que ha seguido hasta allí. En su capítulo De la medicina antigua, hace aparecer con claridad sus tendencias conservadoras. “Nuestro arte, dice está en posesión de hace mucho tiempo de un principio y de un método que ha encontrado; por medio de estas guías, se ha llegado en el tiempo, a verdades numerosas, bellas y útiles. Se descubrirá todo el resto si un hombre inteligente, conociendo lo que se ha hecho, se lanza desde allí hacia nuevos horizontes, Pero, aquel que rechazando esas reglas sin apreciar su valor, trabaja en inventar y cree que ha inventado, siguiendo otra vía y otro modo, se equivoca y equivoca a los otros”. Qué mas franco que esta declaración: Hipócrates ¿se defiende no haber inventado, agregando que el método científico general es tan razonable que sería temerario querer modificar su dirección?

Sin desear disminuir en nada la gloria de Hipócrates, estaremos honrados en que las líneas que hemos consagrado a sus precursores hayan podido sin disminuirla, sacarlas a la luz de la grandiosa figura del Padre de la Medicina.