Semblanza: Dr. Alejandro Goic

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Dr. Óscar Román Alemany


 

Lo conocí como compañero de curso en el quinto año de la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, cuando, por las situaciones legales y administrativas de la época (1952), los alumnos de la Universidad Católica debían incorporarse a la Chile, obligadamente, para poder obtener su título universitario válido, de acuerdo a los reglamentos legales de la época. Los alumnos de la Chile recibíamos, el quinto año, como nuevos compañeros, a los de las Universidades de Concepción y Católica.

Terminó el período docente sin problemas de integración entre los tres grupos de alumnos, se cumplió el examen final de grado y el curso inició en 1955 la clásica diáspora en busca de diferentes destinos: becas, hospitales, especialidades, docencia, y otras. El Dr. Goic escogió la beca de medicina Interna, que cumplió en el Hospital del Salvador. Al terminar, partió a Temuco a cumplir su destino de especialista por tres años. Lo perdí de vista en esa época, porque, a pesar de haber escogido también Medicina Interna, me quedé en Santiago, en el Hospital San Borja.

Al término de su beca, se incorporó al Hospital Salvador, donde hizo un excelente trabajo a las órdenes del Profesor H. Alessandri, y consiguió una beca en Estados Unidos, como especialista en Medicina Psicosomática y en Gastroenterología.

En 1968, sobrevino la Reforma Universitaria y la U. de Chile fraccionó la Facultad de Medicina en cinco sedes, de acuerdo a la ubicación de los Hospitales en que desarrollaba la docencia. Alejandro fue elegido Decano en la sede Oriente, en el Hospital Salvador. Su liderazgo y capacidad docente le permitieron obtener avances educacionales en su Sede, que terminaron con al advenimiento de la Dictadura en 1973 y la reunificación de la Facultad en una sola sede (correspondiente a la Norte con el H. J.J. Aguirre).

En el período duro de la intervención sobre la Universidad, con Rectores militares o designados por la Junta Militar, Goic destacó por sus claras ideas democráticas y sus críticas a la situación universitaria. Su hijo, estudiante de Arte, partícipe de las protestas civiles, fue desterrado a una localidad del Norte del país. Alejandro emitió una nota brillante sobre los derechos civiles y humanos, protestando por lo acontecido con su hijo. Afortunadamente, ello no le trajo consecuencias desagradables, pero sí un liderazgo académico en las protestas universitarias.

En ese ambiente, en 1986, se le propuso que ejerciera el cargo Decano de Medicina. Recuerdo que lo visité en su oficina, discutimos ese nombramiento y aceptó (creo que ya lo tenía decidido), y fue elegido Decano por 4 años. Su discurso programático en la Facultad, frente a Profesores, académicos y alumnos, fue brillante y ha sido publicado en los Anales universitarios y en Revistas. Fue reelegido en 1990 hasta 1994, período en el cual amplió los programas de Magíster y Doctorado en Ciencias Médicas y realizó importantes trabajos y publicaciones sobre número de médicos en el país, especialidades médicas nuevas Escuelas de Medicina en Chile y el Latinoamérica.

Paralelamente, desde el año 1960, se incorporó al Comité directivo de la Revista Médica de Chile, ascendiendo, por sus méritos, a la dirección en el año 1970. Le tocó vivir, gracias a su esfuerzo, la denominada época de oro de la revista, con un formato nuevo, y revisión de los manuscritos por especialistas o pares externos, tanto nacionales como extranjeros. Al dejar el cargo, la Sociedad Médica de Santiago le confirió el rango honorífico de Editor Emérito.

Su acción clínica destacada, lo llevó también a publicar libros, como la Semiología Médica, con otros colegas, y desde el punto de vista ético, filosófico y cultural, produjo libros muy reconocidos como el Pensamiento universitario y El fin de la Medicina. Junto a ellos, publicó Columnas ciudadanas, texto que recopiló una serie de artículos publicados sobre diversos temas culturales y éticos.

En el año 2006 se le entregó el Premio Nacional de Medicina. Ya había recibido distinciones y condecoraciones nacionales y extranjeras.

En 1989 había ingresado como miembro de número de la Academia Chilena de Medicina, institución que presidió entre los años 2000 y 2010. En uno de esos años, tuve la suerte de acompañarlo en su caminata en el centro de la ciudad, hacia la Academia y yo hacia el Colegio Médico. Allí nos confidenciamos nuestras enfermedades y dolencias, y supe así de su fortaleza vital y de hombre irreductible de bien.

Alejandro falleció en Abril de 2021.