Este destacado radiólogo nortino y actual presidente del Colegio Médico Iquique se ha caracterizado por su preocupación constante por los pacientes, en distintas latitudes. Esto se refleja en las diversas acciones humanitarias y operativos en los que participa, tanto en Chile como en el extranjero. Hijo ilustre de su ciudad, cónsul honorario de Ecuador en Iquique y director médico de un consultorio en Uganda, África, afirma que: “La medicina es un arte que necesita mucha pasión para poder enfrentar todas las dificultades”.
Por Patricio Azolas Álvarez
Confiesa que sus hijas son su baluarte. Su apoyo ha sido fundamental para lograr lo que ha hecho como persona y profesional. También se declara un “marinero” porque le apasiona pescar y tener una vida cerca del mar. “Me gusta navegar, pescar (y suelta una carcajada). Vivo muy cerca de la playa, a unos pasitos; hago mucha vida de mar, con la gente de la caleta, con mis amigos pescadores, donde puedo ir a comer, tomar desayuno. Tengo una vida linda y simple. También voy a Puelo una vez al año a pescar… Soy un marinero de agua dulce, perdón, marinero de puerto”, y vuelve a reír.
El Dr. Calcagno dice con orgullo que es hijo de pampinos, ya que sus padres nacieron en la pampa salitrera. Es el mayor de tres hermanos. Está divorciado y es padre de tres hijas profesionales, dos de las cuales viven actualmente en Madrid.
Estudió medicina en la Universidad Católica de Cuenca, Ecuador, donde vivió años hermosos de formación profesional y forjó grandes amistades. Luego volvió a Chile para especializarse en Imagenología en Santiago. Al llegar a Iquique, fue jefe del Servicio de Radiología del Hospital Dr. Ernesto Torres Galdames por varios años, hasta ser subdirector médico del recinto.
Durante años ha realizado operativos médicos gratuitos, especialmente en zonas rurales del norte, donde ha podido realizar ecografías que permitieron desarrollar un importante estudio científico sobre enfermedades de la vesícula en el pueblo Aymara.
Radiografía a la situación sanitaria de la región
–¿Es cónsul honorario de Ecuador en Iquique y fue declarado hijo ilustre de la ciudad. ¿Cómo se concretaron esos reconocimientos?
Eso fue una petición de la colonia ecuatoriana en Iquique. Fue una gran satisfacción poder devolver, de alguna forma, todo lo que Ecuador, que es mi segundo país, me dio para poder defenderme en la vida como médico. Además, fui nombrado ciudadano destacado hace muchos años e hijo ilustre de Iquique en 2021, en el aniversario 142 de la ciudad. Y este año fui nombrado hijo ilustre de Pozo Almonte.
–¿Por qué se especializó en radiología? ¿Qué lo motivó?
Fue una oportunidad que apareció. Postulé, y es lo mejor que me pudo haber pasado. Me ha servido como instrumento de ayuda diagnóstica para los médicos, y eso me da mucha satisfacción. Transformamos el servicio de radiología del Hospital de Iquique en uno de los mejores del país en tecnología. Eso permitió desarrollar un proyecto junto al antiguo alcalde de la ciudad para crear un centro de imagenología municipal, único en Chile hasta hoy. Sigo ahí. Acercamos la especialidad a la gente con menos recursos.
–¿Cómo ve el estado de la salud pública en su región?
Nos preocupa que los recortes presupuestarios siempre afectan la salud. Se suspenden proyectos importantes para la región, como el hospital nuevo de Alto Hospicio, que tuvo que dejar de hacer diálisis por falta de recursos.
–¿El hospital de Alto Hospicio ha sido un complemento para el de Iquique?
Sí, por supuesto. Hace poco nacieron, por cesárea programada, los dos primeros “hospiciados” en el nuevo hospital. El recinto es precioso, muy moderno, pero carece de especialistas. Tenemos un problema grave en la región, porque estos profesionales a veces no quieren venir por la distancia o porque no son las mejores condiciones laborales. Debemos encantar y tratar de hacer atractivo que los médicos vengan para acá. Con todas las deficiencias que hay, el hospital ha mejorado la relación de esta red. Falta mucho, muchísimo, por mejorar, pero cada día se abren más camas, más servicios, con mucho esfuerzo. La gente tiene mucho cariño por el hospital y lo cuida. Alto Hospicio siempre ha estado estigmatizado, pero la gente tiene mucho cariño por su hospital y lo cuidan.
–Respecto a la falta de especialistas, ¿cómo avanza el proyecto de la Escuela de Medicina en la Universidad Arturo Prat?
Cuando asumimos la dirección del Colegio Médico, nos llamó el rector de la universidad para trabajar juntos. Hay varias personas comprometidas para que la Escuela de Medicina empiece a funcionar en 2027. Eso también es un gran trabajo del Gobierno Regional, que nos ha apoyado en todo momento. Vamos a tener médicos de aquí a ocho o nueve años más. Obviamente, seguiremos con falta de especialistas, pero la Universidad de Tarapacá, que tiene su internado médico en el Hospital de Iquique, tiene presupuestado empezar a dictar especialidades médicas en 2027, así que también es un gran apoyo. Además, se está trabajando una mesa con las autoridades del Gobierno Regional y del Servicio de Salud para tener un nuevo hospital en el sector sur de la ciudad, que estaría listo más o menos en unos ocho años más. Se han hecho muy buenas diligencias para el traspaso del terreno de la Fuerza Aérea a Bienes Nacionales y al Servicio de Salud, así que tenemos esperanza de contar con este nuevo hospital y que pueda funcionar con especialistas de la Universidad de Tarapacá. Hay mucha esperanza en la región. Muchos de nuestros jóvenes estudian en Bolivia porque está más cerca y cuesta la mitad que en Chile. Estamos contentos con su formación, porque son buenos médicos, se adaptan súper rápido. El total de los médicos que trabajan en la Urgencia del hospital tienen el Eunacom aprobado.
Operativos médicos de Chile a Uganda
–¿Cómo nace su experiencia con operativos médicos en Chile y cómo surgió el estudio sobre el cáncer de vesícula en el pueblo Aymara?
Después del terremoto de hace 11 años, con un amigo realizamos varios operativos. Conseguimos nosotros mismos los voluntarios y el bus de los militares. Fuimos muchas veces a hacer ecografías a Camiña y Colchane. Allí nos dimos cuenta de que los pacientes que tenían enfermedad de la vesícula no desarrollaban cáncer de vesícula, ninguno. Eso fue un tema, porque se pensaba que los mapuche eran los más afectados, pero vimos que los Aymara tenían más enfermedad, pero no desarrollaban cáncer. Este trabajo lo hemos presentado en diversos congresos, inclusive en el Congreso Chileno de Radiología. Después de este resultado, hubo gente de Alemania que se entusiasmó con el tema y vinieron a hacer estudios genéticos, que aún están en revisión. Después me llamaron del Rotary Club Cavancha y comenzamos a hacer muchos operativos médicos. Hemos realizado muchos y, en alguna oportunidad, hicimos mil ecografías en Tarapacá. También en las caletas, en Pozo Almonte, en Pica; hacemos cuatro operativos mensuales hasta el día de hoy en forma general. He ido a Viña del Mar, también. En tiempos de pandemia, junto al padre Guillermo, recorrimos las capillas o las iglesias de la ciudad para poder hacer recetas, regalar remedios. Ahí surgió la idea de hacer un consultorio fraterno, que hasta el día de hoy trabaja los miércoles, en un lugar que nos prestó la Iglesia. Ahí atendemos gratis psicólogos, enfermeras, médicos y nutricionista.
–¿Cómo se vincula con África y el consultorio en Uganda?
Mi amigo Einer, chileno que vive en África hace más de 15 años, ha construido en ese tiempo 180 pozos de agua. Los niños mueren porque no tienen acceso al agua potable, al agua limpia. Hace muchos años somos amigos y había colaborado con él en el tema de los pozos, pero para la pandemia, cuando el mundo se paralizó, viajé a dejar a mis hijas, que estudiaban en España, y fui a África y vi que las necesidades eran otras. Pude ver que la gente se moría, era una cosa terrible, y se me ocurrió hacer un pequeño consultorio en una sala de clases que teníamos, pensando más o menos en los SAPU de acá. Lo planificamos con colaboración de muchos amigos de Chile, de Iquique; muchos nos colaboraron con dinero e hicimos este consultorio pequeño. Pensábamos que iba a servir solamente para niños, pero cuando me vine a Chile, me decían que también iban adultos, que tenían mucha necesidad. Así que fuimos agrandando el consultorio e hicimos una sala de recuperación y empezamos a atender a adultos. Esto comenzó a crecer y llegaron las embarazadas. Volví a África e hicimos una maternidad con la ayuda de personas de Iquique, amigos, empresarios que siempre nos colaboran. Justo llegó el programa “Socios por El Mundo” y ellos nos ayudaron mucho para poder concretar la maternidad y un laboratorio clínico. Estuve en enero de este año y ya estábamos funcionando a tope con la maternidad. Teníamos muchos partos y va en aumento. Hoy día estamos en otro proyecto, levantar una o dos salas más para tener pacientes hospitalizados.
«La medicina es un arte que necesita mucha pasión para poder enfrentar todas las dificultades».
–¿Qué fue lo que más le impactó de la realidad de Uganda?
Cuando llegamos, la gente nunca había visto médicos. Las mujeres parían en sus casas, con todos los riesgos que eso implica. Muchos niños nacían muertos, y eso allá se considera algo normal. Lo que hicimos fue llevar salud a un lugar donde no existía nada. Hoy incluso tenemos reuniones con el alcalde y la ministra de Salud, quienes nos han expresado su gratitud. Además de la atención médica, levantamos una escuela y seguimos construyendo pozos de agua. Recuerdo especialmente lo que ocurrió este año: un equipo de televisión nos acompañó a visitar un hospital de maternidad que no tenía pozo. Las familias debían llevar agua en bidones sacados de otro pozo, y el día anterior había muerto un niño. Fue tan dramático que llamamos a nuestros amigos de siempre y algunos empresarios, y en tres meses logramos construir un pozo que hoy abastece a todo el hospital. Volveremos en febrero del próximo año. Yo me mantengo en contacto diario con el equipo, tenemos reuniones semanales. Como director médico del consultorio, estoy al tanto de todo. Esa es mi motivación para cada día levantarme con fuerza, con ánimo y pensar en los chiquititos que tengo allá.

Con la camiseta gremial puesta
–Usted que conoce de cerca la realidad del sistema de salud, como médico y dirigente gremial, ¿cuáles cree que son los principales desafíos sanitarios en Chile?
El gran tema es el presupuesto. Hay que robustecer la atención primaria, que resuelva más y evite la derivación a hospitales. Cuando fui subdirector del hospital, solicitamos al alcalde que habilitáramos salas o consultas médicas en un consultorio, para que los especialistas fueran allí y la gente del barrio se sintiera identificada con ese espacio, en vez de ir al hospital a ver a estos especialistas. Creo que ese es un tema que debemos trabajar. Ojalá que la atención primaria sea muy potente. Cuando implementamos el servicio de imagenología en el consultorio, fue pensando en eso. Creo que si se mejora el acceso a una endoscopía, a todas las especialidades médicas en los consultorios, podríamos hacer un uso más racional de los hospitales, y dejarlos para los eventos más complejos.
–¿Cómo se vislumbra el próximo año?
Será complejo por el tema del presupuesto. Todos hemos hecho esfuerzos importantes para manejar la falta de recursos, pero creo que deberíamos contar con mejores presupuestos para que las cosas puedan concretarse. Me toca viajar bastante por Sudamérica, yendo a congresos, y ahora vengo llegando de Bolivia. Y, realmente, creo que no estamos tan mal. Chile se ha caracterizado por tener una salud pública bastante seria, por eso mucha gente de los países vecinos quiere hacer sus especialidades acá. Hemos tenido dificultades con los presupuestos, sí, pero veo con esperanza y optimismo que las cosas se vayan solucionando, independiente de quién sea el presidente. Hay que luchar por una salud más justa, que permita resolver los problemas de las personas de forma urgente y mucho más rápida. “Si tenemos que incorporar a los privados para lograrlo, bueno, hay que hacerlo. En el norte de Chile ya se hace, y si no fuera por el apoyo de la industria minera, probablemente no podríamos realizar varias cosas”.


–¿Qué lo motivó a ser dirigente?
Fui tesorero del COLMED y de SOCHRADI. Pensé que podía hacer un aporte en tiempos difíciles, postpandemia. Había que realizar muchas cosas que se dejaron pendientes. Hemos puesto todo nuestro esfuerzo, dedicación, talento y honestidad para hacer las cosas de la mejor forma posible.
–¿Cuáles han sido los principales desafíos como presidente del Colmed Iquique?
Tuvimos que solucionar problemas, como todo el mundo cuando asume una nueva
presidencia, pero hemos estado tratando de salir adelante, gracias al apoyo de la Mesa Directiva Nacional. Resolvimos temas de infraestructura, y ahora estamos terminando una cancha, que es lo último que nos faltaba. Estar tan dedicados a esto quizás no nos ha permitido realizar tantas actividades sociales para los colegiados, pero el próximo año estaremos mucho mejor. Los médicos están contentos con la remodelación de las dependencias. También hemos tenido el apoyo de FALMED.
«El gran tema es el presupuesto. Hay que robustecer la atención primaria, que resuelva más y evite la derivación a hospitales».
–Como docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Tarapacá, ¿qué consejos les daría a las futuras generaciones de profesionales?
A los jóvenes les digo que lo hagan con pasión. La medicina es un arte que necesita mucha pasión para poder enfrentar todas las dificultades, para poder aprender. Estudiar medicina no es fácil: son muchos años. A mis alumnos les digo que quieran su profesión. A pesar de que enseño una especialidad tan técnica, les insisto en que sean cercanos a los pacientes, que les pregunten, que sean cariñosos, que sientan lo que los pacientes sienten. Para mí ha sido súper difícil, porque tengo que viajar cuatro horas a Arica para dar clases, y a veces me voy de madrugada o regreso el mismo día; llego cansado, pero muy contento porque veo que a los chicos les gusta poner atención y me hacen preguntas importantes. A veces me siento como los médicos antiguos o los profesores que tenían que caminar largas distancias… Se siente como una especie de responsabilidad que la vida te dio. No me cuestiono muchas cosas. He tratado de hacer lo mejor posible sin dudarlo, y en eso mis hijas han sido mi mayor baluarte: me apoyan, me dicen que siga adelante y siempre me han ayudado para que las cosas se simplifiquen y poder hacer lo que me gusta.



