Cuando lo colectivo se traduce en avances concretos

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Hay momentos en la vida de una institución en que los cambios dejan de ser aspiraciones para convertirse en hechos. No siempre son inmediatos ni visibles de un día para otro. Muchas veces se construyen en conversaciones largas, en gestiones persistentes, en diagnósticos compartidos y en la convicción profunda de que ciertas realidades deben cambiar.

El Colegio Médico ha sido, históricamente, un espacio donde esas convicciones encuentran cauce. Un lugar donde las inquietudes individuales logran transformarse en causas comunes, y donde el trabajo gremial, muchas veces silencioso, termina por expresarse en avances concretos para quienes ejercen la medicina en Chile.

En esa línea, como Directiva Nacional hemos querido fortalecer ese sentido de comunidad, convencidos de que un gremio más justo se construye reduciendo brechas, modernizando nuestra institución y reconociendo la diversidad de realidades que conviven en el ejercicio médico a lo largo del país.

La implementación de la cuota única nacional es un ejemplo claro de ese camino. Durante años, las diferencias entre regionales generaron inequidades que no siempre eran visibles, pero que impactaban directamente en la vida gremial y en el acceso a beneficios. Corregir esa distorsión implicó no solo un ajuste administrativo, sino también una definición de fondo: avanzar hacia un Colegio más equitativo, donde el lugar de ejercicio no determine las oportunidades ni las condiciones de participación.

En esa misma línea, el término de las jornadas de 50 horas para médicas embarazadas representa algo más que una modificación normativa. Es la expresión de una demanda que fue levantada, sostenida y trabajada colectivamente hasta convertirse en una realidad. Un avance que no solo mejora condiciones laborales, sino que también instala una mirada más justa sobre el ejercicio de la medicina y la maternidad.

A ello se suma el fortalecimiento del Fondo de Solidaridad Gremial, que hoy amplía coberturas, mejora beneficios e incorpora nuevas prestaciones, reconociendo que el cuidado también debe existir al interior de nuestra propia comunidad.

Son avances distintos, en ámbitos diversos, pero con un hilo común: todos responden a necesidades reales, levantadas desde el ejercicio cotidiano de la profesión. Y todos son, en esencia, el resultado de un trabajo compartido.

Porque si algo nos ha enseñado la experiencia gremial es que el Colegio no es una estructura abstracta. Es una comunidad viva, que se construye en la medida en que sus integrantes participan, se involucran y hacen propias sus causas.

En un contexto donde lo individual muchas veces predomina, fortalecer lo colectivo no es solo una consigna: es una necesidad. Es lo que nos permite incidir, proponer, corregir y avanzar. Es lo que da sentido a una institución que no existe por sí misma, sino por quienes la conforman.

Por eso, quizás uno de los desafíos más relevantes no es solo alcanzar estos logros, sino también reconocerlos como propios. Comprender que detrás de cada avance hay un esfuerzo compartido, y que su proyección futura depende, en gran medida, de nuestra capacidad de seguir construyendo en conjunto.

El Colegio Médico no es solo una institución. Es, ante todo, una comunidad. Y su fortaleza, ayer, hoy y mañana, descansa precisamente en ello.

Dra. Anamaría Arriagada Urzúa
Presidenta Colegio Médico de Chile