In Memoriam: Dr. Günter Seelmann Erlenbach

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4 de mayo 1931 – 26 de septiembre 2023

El Dr. Günter Seelmann Erlenbach fue un destacado médico pediatra y psiquiatra infantil. Sus inicios en el Colegio Médico se remontan a 1965, cuando fue elegido consejero del Regional Concepción. Más tarde, encabezó el Departamento Nacional de Derechos Humanos y en el 2008, presidió por primera vez la Agrupación de Médicos Mayores, cargo que volvió a ocupar desde comienzos de 2023, en reemplazo del Dr. Álvaro Yáñez del Villar. También, participaba activamente en el directorio del Fondo de Solidaridad Gremial. El año 2012 el Gremio le otorgó la Condecoración de Honor de la Orden Médica Chilena, máximo reconocimiento de nuestra institución a la trayectoria gremial y profesional.

Proviene de una familia de clase media de la ciudad de Aachen, Alemania. El 9 de noviembre de 1938, con apenas siete años, le tocó vivir el horror del nazismo durante “La noche de los cristales rotos”, cuando desconocidos ingresaron a su casa y destruyeron todo. Junto a su familia, huyó en 1939 hacia Países Bajos, donde vivió diez meses. Luego, migró a Chile y llegó a Concepción, donde realizó su enseñanza media en el Liceo Enrique Molina y, posteriormente, estudió Medicina en la Universidad de Chile, donde tuvo un activo rol en asuntos políticos estudiantiles, tras lo cual ingresó al Partido Socialista. El 11 de septiembre de 1973, fue detenido a mediodía y llevado a la Isla Quiriquina.

“Pasé torturas, como todos, pero es un tema en el que no profundizo, porque yo estoy vivo y sé lo que han pasado muchas familias. Estuvimos hacinados en un gimnasio durante dos meses, mientras nos hacían construir una vieja cárcel disciplinaria que estaba destruida en la isla. Tuvimos que armar nuestro propio lugar de encierro. Alcancé a estar ocho meses detenido. Afuera me esperaban tres hijos y mi señora”, recordaba sobre este hecho. En mayo de 1974, fue enviado a una cárcel en Santiago. Como era considerado ciudadano alemán, un pastor luterano se preocupó de su situación y apenas fue liberado, partió al exilio en su país natal. En 1985 decidió volverá Chile con una sola meta: la recuperación de la democracia.

A sus 92 años, el Colegio Médico de Chile despide y agradece al Dr. Seelmann por su compromiso e incansable defensa de los Derechos Humanos y por su destacada labor Gremial en los distintos cargos que ejerció en nuestra institución.

Además, compartimos su última contribución para nuestra revista Vida Médica.

La pediatría alemana en tiempos del nazismo

Dr. Günter Seelmann Erlenbach

Mi madre me hablaba frecuentemente de sus familiares que, al igual que nosotros, se habían visto obligados a huir de la Alemania nazi y establecerse en distintos países. En su mayoría eran médicos y químicos, quienes alcanzaron posiciones destacadas en la sociedad e industria alemanas. Recordaba especialmente a uno de sus tíos, el Dr. Ludwig Ferdinand Meyer.

Nacido en Wiesbaden, estudió Medicina en Berlín, en el hospital de la Charité y siguió especializándose en Medicina infantil con el Profesor Heinrich Finkelstein. Ambos formaron parte del grupo fundador de la Pediatría alemana y su reconocimiento como especialidad médica. Esta preferencia de las y los doctores judeo-alemanes por la Medicina infanto-juvenil, es un suceso que ya se insinuaba en el siglo XIX con personalidades como Eduard Henoch, Abraham Jacobi, Adolfo Baginsky y otros. Sin embargo, las facultades de Medicina demoraron varios años en aceptar la separación de la medicina infantil de la del adulto.

Al asumir el poder en 1933 el Partido Nacionalsocialista, ejercían la Medicina infantil entre el 15% a 16% de médicos llamados “no arios” por los nuevos gobernantes. Con leyes y decretos se cancelaba el derecho de los médicos judíos alemanes a ocupar cargos en las universidades y hospitales universitarios, poniendo serias limitaciones a su ejercicio profesional. En ese momento se contabilizaban en el Reich alemán 1.253 pediatras israelitas para una población judía total en el país de 0,9%, la que correspondía aproximadamente a 500.000 habitantes en Alemania. Un hecho notable para la época es que 611 del total de pediatras eran mujeres, algo inédito en los países de Europa occidental. Las mujeres se inclinaron tempranamente por la Medicina infanto-juvenil, aunque tuvieron que estudiar la especialidad en Suiza, permitiéndoles posteriormente el ejercicio profesional en Alemania. El alto aprecio por la mayor educación y calificación formal de la familia burguesa judía, explica el alto número de estudiantes de Medicina de origen hebreo. Entre ellos había un interés especial por la Pediatría social, atendiendo a los factores sociales y ambientales que influían en la morbilidad y mortalidad de los niños. En esa línea se mantuvieron Meyer, Finkelstein y también Czerny. En el período posterior a la Primera Guerra Mundial, la desnutrición, las deficientes condiciones sanitarias y habitacionales estaban muy presentes y eran elementos indispensables para el buen desarrollo de niños y jóvenes.

Cabe destacar que el 48,8 % de los pediatras era judío alemán, obligado a someterse a las leyes racistas, aprobadas en 1935. La Sociedad Alemana de Pediatría les solicitó la “renuncia voluntaria”, fundamentándola con el hecho de haber sido clasificados como “no arios” y constituir un número excesivo de miembros.

Con el objeto de humillarlos, sólo les permitían emplearse en los hospitales no universitarios, aquellos que eran establecimientos estatales o confesionales. Por ejemplo, al Dr. Meyer nunca se le permitió llevar el título de Profesor titular. Sus estudios sobre Fisiología y Patología del lactante, Nutrición, Metabolismo, Inmunidad e Higiene hospitalaria, Introducción de la Sulfonamida en pacientes pediátricos y muchos otros, fueron publicados hasta mediados del mismo año 1933, en la principal revista de la Sociedad de Pediatría Alemana (en alemán, “Kinderärtzliche-Praxis”). Posteriormente, fueron desapareciendo los aportes científicos de la totalidad de las y los pediatras discriminados, quienes además habían sido conminados a renunciar a las Sociedades Científicas a las que pertenecían y en las que realizaban valiosos aportes en investigación clínica y médico-social.

Históricamente, la discriminación a la minoría judía existía en Alemania y en Europa desde la Edad Media y tuvo durante ese período un carácter religioso, particularmente promovido por las Iglesias Cristianas y ejecutada al extremo por la Inquisición, acusándolos de ser herejes y ser la causa de las epidemias. Fueron detenidos y encarcelados, sometidos a juicios bajo tortura. Si los consideraban culpables, les concedían la vida, siempre y cuando se convirtieran al cristianismo. Por el contrario, les esperaba la hoguera. Siglos después, gracias a la Revolución Francesa y al Imperio Napoleónico, les fueron reconocidos los derechos ciudadanos y, progresivamente, pudieron integrarse a las sociedades circundantes.

En Alemania, durante los siglos XIX y XX, el antisemitismo adquirió un carácter social y político. Los partidos nacionalistas, así como el estudiantado universitario, organizado en las “Burschenschaften” (hermandades), se encargaron de difundirlo. Hitler y los nacionalsocialistas habían hecho suyas mucho antes las ideas racistas y antisemitas, considerándolas un pilar esencial de su programa de gobierno.

Volviendo a los pediatras alemanes de origen hebreo, el Dr. Meyer fue discípulo del Profesor Dr. Heinrich Finkelstein en Berlín. Este último, por mediación del Profesor Dr. Arturo Scroggie -quien había sido alumno de este en la Charité-, pudo refugiarse en Chile en el año 1939. Fue recibido con todos los honores. La primera generación de pediatras chilenos, incluido mi maestro, el Dr. Aníbal Ariztía, se formaron en la escuela alemana de Pediatría.

Finkelstein fue contratado como pediatra asesor de los hospitales infantiles de Santiago. Dejó su opinión escrita sobre Chile, que lo acogió generosamente, con estas palabras: “Es un país bello, pero no es mi país. Las montañas son hermosas, pero no son mis montañas”. Falleció en 1941 en el exilio en nuestro país, de fiebre tifoidea.

En Berlín, el Dr. Meyer sucedió a Finkelstein por breve tiempo en el Orfanato y Asilo del Niño de la misma ciudad y, al poco tiempo, tomó la misma decisión con su familia, emigrando a Palestina, en aquel tiempo Protectorado inglés. Fue jefe del Servicio de Pediatría en Jerusalén y Tel-Aviv, trabajando sus últimos años con niños discapacitados físicos y mentales. Murió en Israel en 1954.

A partir de noviembre de 1938, con el primer pogromo ejecutado contra las comunidades judías, conocido como “La Noche de los Cristales Rotos,” se inicia la siguiente etapa del plan nazi: la expulsión de Alemania, el robo de sus bienes, su aislamiento en barrios especiales, el traslado a campos de concentración y su posterior exterminio.

Según la investigación de Eduard Seidler, entre los años 1938 y 1941, huyeron 385 pediatras con sus familias a 32 países diferentes. A todos ellos se les había prohibido ejercer la profesión, única fuente de ingreso y la posibilidad de una vida digna, no quedándoles otra alternativa que abandonar el país.

Los profesionales que no lograron escapar a tiempo, fueron detenidos y conducidos con sus familias al campo de concentración Gur, en el Sur de Francia y, después al campo de Theresienstadt en Checoeslovaquia. Ahí vivieron en pésimas condiciones sanitarias y de alimentación, sometidos a constantes castigos y vejámenes de las SS y sus colaboradores. Desde esos lugares fueron transportados en trenes de carga a los distintos campos de exterminio como Auschwitz, Birkenau, Treblinka, Sobibor y otros. En su investigación, Eduard Seidler logró comprobar que de 49 pediatras judíos alemanes en esta situación, sobrevivieron solamente siete.

Lucie Adelsberger, colaboradora científica del Instituto Roberto Koch e investigadora de las alergias infantiles, sobrevivió a Auschwitz después de haber protegido a niños gitanos prisioneros, condenados a la eutanasia infantil. Resumió sus experiencias en una frase: “El infierno realmente existe en la tierra”.

De las ciudades de Viena y Praga se sumaron otras 22 víctimas del Holocausto lo que hace un total de 71 pediatras asesinados por los nazis. Cabe agregar otros 27 colegas, la mayoría de la tercera edad, que se suicidaron después de “La Noche de los Cristales Rotos”. También debemos mencionar a aquellos que, por desesperación, tomaron la misma decisión en los países de acogida.

En su sesión anual de 1998, en Dresden, la Sociedad de Pediatría Alemana, efectuó una solemne ceremonia en recuerdo de los perseguidos, expulsados del país, colegas hombres y mujeres asesinados entre 1933 y 1945. El Directorio de ese entonces declaró:

“La Sociedad de Pediatría Alemana, desde la época del nacionalsocialismo, carga con una gran culpa. Sobresalientes representantes de la especialidad se pusieron al servicio de la doctrina de “limpieza racial” y de “la política de salud populista” de la dirección de la Juventud Nacionalsocialista. La mayoría de los/las pediatras de aquella generación permitieron, sin oponer resistencia, la destrucción de la existencia de más de 700 judíos o políticos opositores. Ellos y también personas de la generación posterior a la Primera Guerra Mundial, mantuvieron silencio. Hacer público, reconocer y lamentar, pero por sobre todo mantener vivo, para las generaciones venideras, el recuerdo del destino de nuestros colegas perseguidos políticos, expulsados y asesinados, es el principal objetivo de esta ceremonia”.