Reportajes culturales en Vida Médica

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La tradicional publicación de la Agrupación de Médicos Mayores tendrá espacio permanente en la revista a partir de esta edición.

Al cumplirse la publicación del N°26 de la Revista Reportajes a la Cultura, cuyos últimos seis números estuvieron auspiciados por la Agrupación de Médicos Mayores, la Mesa Directiva Nacional del Colegio, en conjunto con dicho colectivo, ha definido incorporar esta publicación a “Vida Médica”, con el objeto de dar una vitrina más amplia y mayor difusión a los artículos elaborados por los médicos mayores de la Orden sobre diversos aspectos culturales, artísticos y de información, difusión científica, educacional y filosófica, que aumenten el acervo intelectual de nuestros médicos.

Tal publicación, tradicionalmente ha tenido como inspiración y regla clara la total independencia respecto a orientaciones políticas, religiosas o socioeconómicas, conducta que ha sido refrendada por la Directiva de la Orden, lo que agradecemos profundamente.

Invitamos a nuestros colegas todos a enviarnos sus críticas, que serán siempre bienvenidas y a participar en esta tarea editorial con trabajos de su propia creación, lo que será para éste Comité un agrado recibir y el mejor premio a esta labor editorial que esperamos continuar en el futuro.

Para hacer llegar sus publicaciones, pueden escribir al correo rcampos@colegiomedico.cl

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OPINIÓN: Soledad, otra visión

Dr. Rafael Ferrer B.

Existe una confusión entre “vivir solo” y la soledad. La soledad produce angustia, depresión y es tan mortal como fumar más de 15 cigarrillos diarios; activa una sustancia a nivel cerebral que sube el nivel de estrés, aumentando la ansiedad y la depresión. Está asociada a enfermedades cardiovasculares y demencias. Por ello, es un problema de salud pública y responsabilidad de los gobiernos.

En el Reino Unido se ha creado un Ministro para la soledad. En palabras de la Primera Ministra británica, Theresa May, “para mucha gente, es la triste realidad de la vida moderna. Quiero enfrentar este desafío y que todos tomemos medidas para hacer frente a la soledad que sufren los ancianos, los que han perdido a seres queridos, personas que no tienen a nadie con quien hablar ni compartir sus pensamientos y experiencias”.

La vida del ser humano siempre ha sido gregaria, ha vivido en tribus, clanes, en familia, en los colegios, en sus trabajos, etc. Vivir solo no es lo normal. Sin embargo, también puede ser útil para que la persona se descubra, que sepa quién es y qué quiere.

Cuando Arthur Schopenhauer dice “la soledad es la suerte de todos los espíritus excelentes”, está confundiéndolo con el concepto de vivir solo. Según algunos filósofos, vivir solo, evitando la soledad, te lleva a una vida tranquila y a alcanzar la excelencia.

La causa de la soledad está en la pérdida de compartimiento con los familiares, con los amigos, con los compañeros de trabajo cuando se jubila. ¿Cómo evitarla?, simplemente, recuperando la vida social; volver a compartir en forma más intensa con los familiares, amigos; salir, si se puede, a comprar, al cine, al teatro, museos, cosas simples del diario vivir. Hoy, la tecnología también ayuda enormemente, con Youtube puedes visitar todos los museos del mundo y escuchar los mejores conciertos musicales. Y no olvidar la lectura, nuestra gran compañera.

Evitemos la soledad.

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Circunstancias en relación a la creación de la Universidad de Chile

Emma Salas Neumann. Profesora de Estado. Académica de la U. de Chile

La Universidad de Chile nace dentro de un clima previo de surgimiento intelectual, en el que participaron figuras exiliadas de los países del continente junto a otras chilenas, como el venezolano Andrés Bello, los argentinos Sarmiento, Vicente López, José M. Gutiérrez, Juan Bautista Alberti y Bartolomé Mitre, los uruguayos Juan Carlos Gómez y Juan García del Río. A estos se agregan otros europeos que se habían avecindado en el país, entren los que se cuentan Ambrosio Lozier, Claudio Gay e Ignacio Domeyko.

En 1839 los profesores del Instituto Nacional acordaron reunirse periódicamente  y presentar sus producciones literarias y científicas, academia que se transforma en 1942 en la “Sociedad Literaria”, que presidió José Victorino Lastarria.  Ésta empezó a publicar  el “Semanario de Santiago” en el que colaboraron Antonio García Reyes, Manuel Antonio Tocornal, Salvador Sanfuentes  y Joaquín Vallejos (Jotabeche) desde Copiapó.

En la misma época, Vicente López inició en el puerto la publicación de la “Revista de Valparaíso”; y Juan García del Río, la denominada  “El Museo de Ambas Américas”. La masificación de estas inquietudes coincidió con la presencia en el país de Raimundo Monvoisin (autor del retrato de Andrés Bello) y Juan Mauricio Rugendas. Al mismo tiempo, dos editores españoles, Manuel Rivadeneira y el conocido Santos Tornero, se avecindaron en Valparaíso y emprendieron la publicación de la literatura española.

Por esos días, Domingo Faustino Sarmiento publicó su “Civilización y Barbarie: Vida de Juan Facundo Quiroga”; Andrés Bello, sus “Principios de Derecho Internacional”; Juan María Gutiérrez, su “América Poética”; Domeyko,  “La Araucanía y sus Habitantes”, obras que se suman a las publicaciones poéticas  de las ciencias de Lastarria, Sanfuentes, Bilbao y otros. La mayoría de los nombrados pasaron a integrar las filas de la Universidad de Chile, tanto como miembros de sus Facultades como en cargos directivos.

Sin embargo, la Universidad de Chile no se libró de los ataques de los grupos “ultramontanos”, como los llama Amanda Labarca. La Universidad de San Felipe, para algunos, o solo la nueva orientación de la institución de educación superior para otros, se negaba a morir. El Decreto de Egaña de 1837 y el posterior de 1843, que ordenaba la cesación total de las actividades de la antigua universidad, no fue obstáculo para que el último rector de la U. de San Felipe fuera un fuerte contendor de Andrés Bello para ocupar la rectoría de la U. de Chile. No obstante, el carácter fuerte del Ministro de Instrucción Pública, don Manuel Montt, impuso el nombre de Bello, por considerarlo más idóneo para el cargo.

Luego de ser nombrado por el Gobierno en 1843, fue reelegido cuatro veces por sus pares en el Claustro pleno, permaneciendo como Rector por 22 años hasta su muerte el 15 de Noviembre de 1865.

Andrés Bello dejó su país natal, Venezuela, en 1810, para ir a Londres, donde permaneció por 19 años. Después de pasar momentos familiares muy difíciles y apuros económicos, fue contratado por Mariano Egaña, a nombre del Gobierno de Chile, para organizar el Ministerio de Relaciones Exteriores. Llegó en 1829, cuando ya tenía 49 años. Su venida a este país, considerado entonces no solo un lugar de fin del mundo, sino también un país en que reinaba la anarquía, debe haber sido para Bello una difícil decisión, pero sin duda fue atinada.

A pesar de no haber tenido un comienzo tan auspicioso como lo deseara, en esta nación se le dio la oportunidad de aplicar sus capacidades en beneficio de nuestro país y le permitió alcanzar la estatura histórica continental que hoy goza su figura. En vida, en Chile fue estimado y respetado por sus colegas y distintos gobiernos.

Sus últimos años los pasó casi inválido. No obstante conservó su lucidez mental y presidió la Universidad hasta sus últimos días. Su rectorado logró orientar y consolidar la situación de la institución. Su fallecimiento dio lugar a grandes muestras de pesar y los homenajes a su memoria se sucedieron interminablemente. Su estatua fue costeada por subscripción popular y fue encargada al gran escultor chileno Nicanor Plaza, la que se encuentra hoy en uno de los patios de la casa central y luce una réplica frente al edificio universitario.

Referencias: AMUCH (Asociación de Mujeres universitarias de Chile). Apuntes Históricos Universidad de Chile. 1992.


Trabajo y empleo del jubilado mayor chileno

Dr. Oscar Román A.

Las personas de la tercera edad (sobre 60 años las mujeres y sobre 65, los hombres), no solo sobreviven más años en las dos últimas décadas, sino también mantienen actividad laboral en proporción creciente, de acuerdo a las estadísticas nacionales (Adimark y otras).

Según el INE (Instituto Nacional de Estadística), en Enero del 2018 existían 1,3 millones de adultos mayores trabajando, lo que representaba 37 % de aumento en relación a las cifras del año 2013, en que el número era de 953 mil trabajadores en ese rango de edad. Al desglosar las cifras según tipo de trabajo y su remuneración, se observó que actualmente 511.000 trabajaban como asalariados en el sector privado, 481 mil por cuenta propia, 122 mil se mantenían en el sector público y 99 mil eran sus propios empleadores y estaban en función activa.

Si se hace el análisis según los rangos de edad, para el INE el mayor incremento de personas de tercera edad en el trabajo, se produjo entre los 60 a 70 años, pero también se registró aumento en el decenio de los 70 a 80 años y, curiosamente, también sobre los 80 años, que para algunos son personas consideradas de “cuarta edad”.

Respecto a las categorías de trabajo realizado, según los investigadores  (Clapes y otros), el mayor incremento en los últimos 5 años se registra en los asalariados del sector privado, que concentra además el 40% del  total de ocupados de tercera edad. Le sigue el grupo de trabajadores por cuenta propia, que crecieron un 26 % y los del sector público, que lo hicieron en 42%, aunque su número global es mucho menor respeto al total de personas con trabajo.

Otros datos estadísticos interesantes se refieren a la condición de adultos mayores jefes de hogar que siguen trabajando, que corresponden al 59% en la región metropolitana (Adimark). De ellos, la mayoría prefiere vivir en un lugar con buena locomoción, cerca del comercio y del trabajo, además de considerar que el lugar sea tranquilo. Los adultos mayores que no trabajan prefieren vivir cerca de la familia.

Respecto al tipo de trabajo asalariado, es el comercio el que concentra más empleados de tercera edad, con el 17% en todas las ramas consideradas. Le siguen con porcentajes menores, la agricultura y pesca, las industrias, la construcción y, en menor escala, el transporte y la enseñanza.

En relación a las finanzas, el segmento de la tercera edad que trabaja en la Región Metropolitana declara estar relativamente tranquilo, porque puede estar ahorrando un cierto porcentaje para viajar o darse un gusto, contra el 45% del total de adultos mayores que no tienen esa posibilidad. Además, el 80% cuenta con sistema financiero bancario; el 15% puede realizar trámites por Internet; y el 85% tiene celular o tablet. Además, 49% de los que trabajan poseen vehículo, 13% más que el total de los adultos mayores.

Respecto a esparcimiento, se estima que el 25% de los que trabajan van a restaurantes; 10% a cafeterías y 6% al cine o teatro.

Pero no nos engañemos. El adulto mayor que trabaja o sigue trabajando lo hace en el 66% de los casos por necesidad económica. Así, de 1 a 2 jubilados deben trabajar por el escaso monto de su jubilación, o por necesidades de gastos de vivienda o salud, que superan sus ingresos previsionales o las del grupo familiar.  La situación de pobreza es relativamente importante y no se ha medio con justeza.

En relación a las razones por las cuales los adultos mayores no trabajan, la principal es problemas de salud o impedimentos físicos variados. El problema más frecuente se relaciona con secuelas de artritis y de afecciones de columna. Los trastornos cognitivos son también importantes, pero aparecen con menor frecuencia,

Otro factor que impide parcialmente la ocupación laboral, es la falta de flexibilidad en los horarios de trabajo.

Además, se requiere crear sistemas de reconversión de trabajo y de actualización de competencias, para poder mantener la ocupación laboral en condiciones adecuadas.

Otra forma de mantener un justo nivel socio-económico del adulto mayor que jubila, es la posibilidad de emprender una nueva actividad. Se ha calculado que ésta es una nueva forma de subsistencia para la tercera edad y que los adultos mayores están emprendiendo en mayor proporción que los jóvenes.  De los emprendedores mayores, 48% tiene estudios de postgrado de diversas disciplinas, aunque en menor proporción que los emprendedores menores de 50 años.

Se ha mirado al extranjero para estudiar qué tipo de trabajo pueden adoptar los adultos mayores nacionales. Así, se mencionan ocupaciones de cuidado de enfermos, de conductores de vehículos, de masajistas, de planificadores financieros, de artesanía y manufacturas especializadas.

En nuestro medio, además de la flexibilidad laboral, destacan medidas para contratos a distancia, especialmente en la casa, ampliar los topes de edad en los programas de capacitación  (como los del SENCE) y sobre todo, eliminar la discriminación, que en la mayoría de los casos, es arbitraria, puesto que la capacidad está presente.

Por otro lado, es importante estimular y proteger la capacidad  de ahorro  de las personas a toda edad laboral, porque ello permitirá un futuro más sustentable social y laboralmente.

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Referencias:

1.-  PALEO  D.  El 42% de los seniors que son jefes de hogar trabajan y su edad promedio es de 69 años. El Mercurio. Octubre 2015.

2.- TUPPER  G. ¿En que ocupan los países desarrollados a la gente mayor? El Mercurio. Marzo 2016.

3.-PALEO D. Uno de cada tres seniors trabaja y el 34 % de ellos está satisfecho con sus ingresos.  El Mercurio. Septiembre. 2016.

4.- PALEO  D. 108 mil empleos para seniors se crearon en 2016, lo más alto en seis años. El Mercurio. Marzo 2017.

5.- PALEO D. Perfil  económico del senior. El Mercurio. Mayo 2017.

6.- PALEO D. Expertos entregan siete propuestas clave para impulsar el empleo en los seniors. El Mercurio. Julio 2017.

7.- PALEO D. El 35% de los adultos mayores que emprenden lo hace por necesidad. El Mercurio. Abril 2018.

8.- PALEO D. Mercado laboral senior. Asalariados en el sector privado crecen 52 % en cinco años. El Mercurio. Marzo. 2018.

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Los niños de la Guerra Civil Española (1936-1939)

Dr. Luis Cueto S.

El episodio más triste y brutal de la larga historia de España, desafortunadamente, terminó con una Dictadura que se prolongó por casi cuarenta años.

Analizáremos en este texto una de sus consecuencias: cuando apareció evidente la derrota de la causa republicana, miles de niños, dado el odio acumulado, fueron enviados a otros países, con intención de su regreso futuro, después de la persecución inmisericorde del franquismo triunfante, con el apoyo nazi-fascista de Italia y Alemania.

Son los llamados “Niños de la Guerra” que se calculan en cerca de cuarenta mil. La mitad fueron a Francia, unos 7 mil a Bélgica, 4 mil a Inglaterra y unos 3 mil a Rusia.

En una de esas tardes de jueves que Samuel Torregrosa y Eduardo Fritis nos regalan con su sabiduría de Cine y Música, el amigo Fritis nos recordó el origen de la melodía del famoso Vals N° 2 del ruso Dimitri Shostakovich: a él le encargaron atender a un grupo de “Niños de la Guerra” enviados a Rusia, y como buenos españoles, cantaban a coro a menudo una canción popular en España, de influencia cubana que decía: “Café, Café, Café con leche, Café, le gusta a usted, le gusta a Usted, “a él le gustó el soniquete y con él compuso su famoso Vals N° 2”.

Un detalle simpático de inspiración en música popular española, ya que en España no solo los niños, toda la comunidad canta a coro en las fiestas de los pueblos.

“¡España, Ponte a Cantar!” era el lema para atenuar el dolor en la Guerra Civil.


Sobre la inoculación de la vacuna

Dra. Adriana Ducos

En 1694 nace en París Francois Marie Arouet, Voltaire. En 1734 publica “Cartas Filosóficas o Cartas Inglesas”. En ellas se refiere al tema “La inoculación de la Vacuna”, que transcribimos en este artículo. Y es sólo 62 años más tarde (1796) cuando Edward Jenner inventa la primera vacuna contra la viruela.

Era un médico rural, gran observador y amante de la naturaleza. La vaccina o vacuna de las vacas es una enfermedad que producía una erupción en las ubres de estos animales. Como tantas veces en la Historia de la Humanidad, la sabiduría popular se adelantó a la observación científica: los campesinos sabían que los ordeñadores podían contagiarse de la viruela de las vacas y, además, observaron que si había una epidemia de viruela, estos trabajadores enfermaban en raras ocasiones.

A Jenner se le ocurrió la idea tras escuchar a una lechera de su pueblo: “yo no cogeré la viruela mala porque ya he cogido la de las vacas”. A partir de ese momento, Edward Jenner intuyó que esta experiencia podría llevarse a la práctica y dedicó más de veinte años de su vida a estudiar la cuestión.

Jenner fue un amante de la naturaleza y un profundo observador. Vivió y murió en Bekeley, en el condado de Gloucester. La vida urbana nunca le atrajo y por eso ejerció en su localidad natal.

Después de su famoso invento, le ofrecieron trasladarse a Londres, pero él declinó tal propuesta y escribió a un amigo: “mi fortuna es suficiente para satisfacer  mis  deseos. En cuanto a la fama, ¿qué es la fama? Un peto dorado, siempre atravesado por las flechas de la malignidad”.

Es impactante constatar así que dos genios, desde distintas disciplinas y ópticas, intuyendo, observando y procesando, coinciden en un tema que ha permitido evitar tantas muertes a la humanidad.


VOLTAIRE: Cartas filosóficas y otros escritos

11ª Carta.  Año 1734.

En voz  baja, se dice en toda Europa que los ingleses son locos y fanáticos: locos porque inoculan a sus hijos para evitar que contraigan esta enfermedad (la viruela), fanáticos, porque, parar prevenir un mal incierto, provocan tranquilamente, una enfermedad segura y terrible.

Los ingleses, por su parte, dicen: ‘los otros europeos son cobardes y desnaturalizados; cobardes  porque temen hacer sufrir un poco a sus hijos; desnaturalizados, porque los exponen a que mueran un día de viruela’.

Para juzgar las razones de esa disputa, narraré la historia de esa famosa inoculación, de la que con tanto temor se habla fuera de Europa.

La mujeres de Circasia (en la Rusia del Cáucaso, actualmente entre la república de Georgia, antigua Rusia y Turquía oriental), tienen la costumbre, desde tiempo inmemorial, de provocar la viruela a sus hijos, a partir de los seis meses de edad, haciéndoles una incisión en el brazo e inoculando en ella una pústula que ha sido previamente extraída  con cuidado del cuerpo de otro niño. Esta pústula produce en el brazo donde se inocula, el mismo efecto que la levadura en el trozo de una masa: fermenta y extiende por toda la sangre las cualidades que posee. Los granos de los niños que sufren esa viruela artificial sirven para provocar la enfermedad en otros. Este proceso se renueva constantemente en Circasia; cuando no hay viruela en el país hay tanta preocupación como en otros lugares la habría por un mal año.

[…]

Los circasianos  comprobaron  que una persona entre mil  era atacada dos veces  por la viruela,  que las personas podían ser atacadas  tres o cuatro veces por una pequeña viruela, pero una sola vez por una que sea decididamente peligrosa. En una palabra,  que se trataba de una  enfermedad  que atacaba solo una vez en la vida. Descubrieron también que cuando la viruela es benigna y la piel del paciente fina y delicada, la erupción no deja marcas en el rostro. De estas observaciones naturales, concluyeron que si una criatura de seis meses o un año tenía una viruela benigna, no moría, no le quedaban marcas en el rostro y no correría el riesgo de contraer la enfermedad en el resto de los días.

Por tanto, para preservar la vida y la belleza de los niños había que provocar la enfermedad en edad muy temprana; eso fue lo que hicieron, inoculando en el cuerpo de las criaturas una pústula extraída del cuerpo de una persona  atacada por la viruela claramente declarada, pero benigna. La experiencia  fue un éxito. Los turcos, gente cuerda, adoptaron en seguida esta costumbre, y hoy no hay ningún bajá  en Constantinopla  que no le provoque la viruela a sus hijos en la más tierna infancia.

Según algunos, los circasianos adoptaron esta costumbre de los árabes (…) Lo que yo puedo decir sobre el asunto es que en los principios del reinado de Jorge I, la señora Wortley-Montagu, una de las damas más espirituales de Inglaterra, cuando estuvo con su marido en la Embajada de Constantinopla, no tuvo el menor inconveniente en hacer inocular a su hijo, nacido en ese país, la viruela. Aunque su capellán trató de convencerla de lo contrario, diciéndole que el experimento no era cristiano y solo podía dar resultado con infieles, el niño de la señora Wortley no sufrió ninguna molestia.

Cuando regresó a Londres, comunicó a la princesa de Gales, actualmente reina, su experiencia. Hay que confesar que la princesa, dejando aparte sus títulos y coronas, ha nacido para proteger a todas las artes y para hacer el bien a los hombres; es como un amable filósofo coronado; nunca ha perdido ocasión de aprender  y de mostrar su generosidad.  Cuando oyó decir que una hija de Milton vivía todavía y se encontraba  en la mayor miseria, le envió inmediatamente un importante  regalo. Es ella quien ha protegido  al pobre padre Coutayer y quien hizo de intermediaria entre el Dr. Clarke y Leibnitz. Nada más oír hablar de la inoculación de la viruela, ordenó  que se hiciera una prueba con cuatro condenados a muerte, a los cuales salvó la vida doblemente, por un lado librándoles del cadalso y por otro, gracias a la viruela artificial, salvándoles del peligro de contraer alguna vez la verdadera.

La princesa, asegurada del éxito de la prueba, hizo inocular a sus hijos. Toda Inglaterra siguió su ejemplo y desde entonces, por lo menos diez mil niños  deben la vida y otras tantas niñas la belleza, a la reina y a la señora Wortley-Montagu.

 En el mundo, sesenta personas sobre cien contraen la viruela; de esas sesenta, diez mueren en lo mejor de la vida y otras diez quedan terriblemente marcadas. Por tanto, una quinta parte de los seres humanos mueren o quedan marcados por esta enfermedad. De los que han sido inoculados, tanto en Turquía como en Inglaterra, ninguno muere, a menos que sea enfermizo o esté condenado a muerte. Si la inoculación se hace debidamente, nadie queda con marcas ni nadie es atacado por segunda vez  por la enfermedad. Si alguna embajadora francesa hubiera traído de Constantinopla ese secreto a París, hubiera hecho un gran servicio a la nación; el duque de Villequier, padre del actual duque  de Aumomt, el hombre con más salud  y con mejor constitución de Francia, no hubiera muerto en la flor de la edad; el príncipe de Soubise, que tenía una espléndida salud, no hubiera fallecido a los veinticinco años; Monseñor, el abuelo de Luis XV, no hubiera sido enterrado a los cincuenta.

Veinte mil personas muertas en París en una epidemia de 1723 vivirían aún. ¿Y entonces? ¿Es acaso que los franceses no aman la vida? En verdad, somos una gente extraña.  Probablemente  dentro de diez años, si curas y médicos no se oponen  a ello, adoptaremos las costumbres inglesas; o bien, dentro de tres meses se empezará a inocular por capricho, cuando los ingleses hayan dejado de hacerlo por inconstancia.

He sabido que desde hace cien años, los chinos practican esta costumbre; es gran prejuicio el ejemplo dado por una nación que pasa  por ser la más sensata y la dotada  con mejor policía del mundo. Ciertamente, los chinos proceden de una manera distinta; no se hacen una incisión sino que se inoculan la viruela por la nariz, como si fuera tabaco en polvo. Es un modo más agradable, pero igual a fin de cuentas, y de la misma manera  demuestra que si la inoculación se hubiera practicado en Francia, se habrían salvado millones de vidas.