Telemedicina en Chile: los desafíos jurídicos y éticos de una medicina que llegó para quedarse

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Por Gonzalo Gálvez, periodista FALMED.

A más de tres años de la oficialización de la telemedicina en el país, el desarrollo de las atenciones a distancia ha modificado la relación médico-paciente y abierto nuevos debates sobre consentimiento informado, protección de datos y responsabilidad profesional. El abogado subjefe nacional de FALMED, Pedro Pablo Hansen, analiza los principales desafíos que enfrenta la medicina digital.

La pandemia aceleró un proceso que ya venía transformando la práctica médica en distintos lugares del mundo. En Chile, ese cambio quedó formalmente establecido en 2023, cuando la telemedicina fue incorporada al marco regulatorio nacional.

La normativa no solo reconoció la legitimidad de las consultas remotas, sino que también introdujo nuevas exigencias vinculadas con el consentimiento informado digital, la protección de los datos personales, la interoperabilidad de las fichas clínicas y el resguardo de la relación médico-paciente.

Para Pedro Pablo Hansen, abogado subjefe nacional de la Fundación de Asistencia Legal del Colegio Médico de Chile, uno de los aspectos más importantes de este proceso es comprender que la incorporación de herramientas digitales no modifica los estándares que históricamente han regido el ejercicio profesional.

“La regulación consolidó la telemedicina como una modalidad legítima y permanente de atención, dejando atrás su carácter excepcional. También reafirmó que la distancia no modifica el estándar profesional: el médico debe actuar con el mismo rigor y conforme a la misma Lex Artis exigible en una consulta presencial”, explica.

El especialista destaca que el desarrollo de esta modalidad ha fortalecido el deber de información hacia los pacientes y ha exigido mayores niveles de transparencia respecto de las características, beneficios y limitaciones de la atención remota.

“La ausencia de examen físico puede afectar la evaluación clínica, por lo que el paciente debe comprender claramente el alcance de la consulta a distancia. Asimismo, el médico mantiene plena autonomía para indicar una atención presencial cuando resulte necesaria para un diagnóstico o tratamiento seguro”, añade.

El consentimiento informado en la era digital

Uno de los cambios más significativos introducidos por la normativa chilena es el reconocimiento del consentimiento informado digital. La legislación exige dejar constancia expresa de la aceptación o rechazo del paciente respecto de la modalidad remota, incorporando mecanismos que permitan verificar la autenticidad de esa decisión.

Sin embargo, Pedro Pablo Hansen advierte que este proceso no puede entenderse como una mera formalidad administrativa.

“El consentimiento informado en telemedicina no debe reducirse a una aceptación formal. El paciente debe recibir información clara sobre la modalidad de atención, sus beneficios, riesgos y limitaciones, incluida la imposibilidad de realizar determinadas maniobras de examen físico”, señala.

Además, explica que la información entregada debe considerar aspectos tecnológicos, como las plataformas utilizadas, las medidas de seguridad implementadas y el eventual uso de registros audiovisuales. “También es necesario verificar la identidad del paciente o de su representante y dejar constancia de la aceptación o rechazo de la atención remota en la ficha clínica”, afirma.

La forma en que se documenta el consentimiento dependerá de la complejidad del procedimiento. Las intervenciones invasivas o de mayor riesgo requerirán mecanismos escritos o electrónicos que permitan acreditar de manera fehaciente la voluntad del paciente.

El desafío de proteger la información clínica

La masificación de la telemedicina también ha puesto en el centro del debate la protección de los datos personales y la seguridad de la información clínica. La digitalización de los procesos asistenciales exige resguardar antecedentes especialmente sensibles y establecer mecanismos que garanticen la confidencialidad de los pacientes.

Para el abogado de FALMED, esta responsabilidad debe entenderse como una tarea compartida entre los prestadores institucionales y los profesionales de la salud. “Los prestadores deben utilizar plataformas seguras, proteger la confidencialidad, integridad y disponibilidad de los datos, conservar adecuadamente la ficha clínica y contar con mecanismos para prevenir y gestionar incidentes de seguridad”, explica.

Pero las obligaciones no recaen únicamente sobre las instituciones. El médico continúa desempeñando un rol fundamental en la protección de la intimidad del paciente.
La participación de terceros o la realización de grabaciones durante una consulta también requieren información previa y consentimiento expreso. “La tecnología modifica el medio por el cual se presta la atención, pero no altera los deberes éticos y legales del profesional”, enfatiza.

Interoperabilidad: oportunidades y riesgos

Otro de los conceptos que ha ganado relevancia en los últimos años es la interoperabilidad de las fichas clínicas. La posibilidad de compartir información entre distintos establecimientos promete mejorar la continuidad asistencial y optimizar la toma de decisiones clínicas.

Según Hansen, se trata de una herramienta con importantes beneficios potenciales. “Disponer de información clínica integrada puede evitar duplicidad de exámenes, reducir errores y facilitar decisiones diagnósticas y terapéuticas más oportunas”, afirma.
Sin embargo, la interconexión también implica riesgos relevantes. “El principal desafío es evitar que una mayor circulación de datos aumente la exposición de la información ante accesos indebidos, fallas de seguridad o usos distintos de aquellos que justificaron su recopilación”, advierte.

Por ello, sostiene que los sistemas deben incorporar mecanismos de protección desde su diseño, limitar los accesos según funciones específicas y garantizar la trazabilidad de las consultas y modificaciones realizadas sobre los registros clínicos.

Recomendaciones para una telemedicina segura

Desde FALMED, la recomendación principal es entender la telemedicina como una práctica clínica que exige planificación, criterios técnicos claros y resguardos jurídicos adecuados. Antes de iniciar una consulta remota, el profesional debe verificar la identidad del paciente, confirmar que comprende las características de la modalidad y explicar sus limitaciones, particularmente aquellas derivadas de la ausencia de un examen físico presencial.

Asimismo, se recomienda privilegiar el uso de plataformas institucionales, evitar conexiones desde espacios públicos, proteger las credenciales de acceso y mantener un registro detallado de cada atención.

Cuando la evaluación clínica no entregue suficientes elementos para adoptar una decisión segura, la recomendación es clara: derivar oportunamente al paciente hacia una atención presencial.

“El consentimiento informado debe entenderse como un proceso y no como un simple formulario”, enfatiza Hansen.

“Su finalidad es permitir que el paciente participe de manera consciente en la toma de decisiones y comprenda que la seguridad clínica siempre prevalece sobre la conveniencia de mantener la atención a distancia”, recalca.

Los desafíos de la medicina del futuro

La expansión de la telemedicina constituye solo una parte del proceso de transformación digital que atraviesa el sistema sanitario. La incorporación de inteligencia artificial, algoritmos predictivos y nuevas herramientas tecnológicas abre oportunidades inéditas para mejorar la atención, pero también plantea interrogantes éticas y jurídicas de gran complejidad.

El abogado advierte que, si bien estas herramientas pueden contribuir al diagnóstico y apoyar la toma de decisiones clínicas, no deben reemplazar el juicio médico ni la relación directa con el paciente.

Finalmente, Hansen plantea que el desarrollo de la medicina digital deberá avanzar sin profundizar las desigualdades existentes en el acceso a la salud.

“La falta de conectividad, de competencias digitales o de recursos tecnológicos no puede convertirse en una nueva forma de exclusión sanitaria. El futuro de la medicina digital dependerá de su capacidad para combinar innovación, seguridad, equidad y una adecuada preservación de la relación médico-paciente”, concluye.